CANGAS DEL NARCEA.-  Dos cadáveres de dos viajantes en el Narcea

Sucedió el 24 de marzo de 1.956, hce hoy 70 años

Ayudandoa acr el cohe del río

A finales de marzo de 1956, Cangas del Narcea quedó marcada por un grave suceso ocurrido en el río Narcea, a la altura del conocido Puente del Infierno. Un automóvil se precipitó al cauce y su conductor desapareció en un momento especialmente difícil, con el río crecido por el deshielo y una fuerte corriente que complicó desde el primer instante cualquier intento de localización.

Precisamente hoy, 24 de marzo, hace de ello 70 años. Se informaba entonces de la caída de un coche al río Narcea en las proximidades de Cangas, conducido por un viajante de una casa de relojería de Badajoz, residente en Vigo. En ese momento no se facilitaba el nombre del conductor y no se había localizado ni el vehículo ni a su ocupante. Tres días después la prensa ampliaba los datos disponibles e identificaba al conductor como José Guillot de Arce, de 40 años de edad y casado. Según esta información, el accidente se produjo cuando, al llegar al puente, éste se vio forzado a realizar una maniobra brusca al ser acosado por un camión que circulaba en sentido contrario y que posteriormente se dio a la fuga, precipitándose así el vehículo al río. En ese momento se inició la búsqueda

Con el paso de los días, la situación no mejoró. El 31 de marzo se confirmaba que el cadáver seguía sin aparecer y se subrayaban las enormes dificultades de la búsqueda, debido a las fuertes corrientes del Narcea y a la complejidad de su fondo. Es en este contexto cuando se menciona la intervención de un especialista poco habitual en la España de la época: un “hombre‑rana” que en aquellos momentos trabajaba en Vigo con equipos norteamericanos y que fue contratado para participar en las labores de localización.

El 3 de abril, una información señalaba que el automóvil había sido finalmente hallado “en el mismo lugar donde había caído días antes”, aunque precisaba que el cadáver del conductor no había sido encontrado aún y se describían con detalle las durísimas condiciones de la búsqueda: el agua helada, la fuerza de la corriente, las repetidas inmersiones del buceador y el apoyo prestado en la orilla para que pudiera recuperarse tras cada intento.

En su edición del 21 de abril de 1956, el semanario El Caso informaba de que el cadáver del viajante vigués había sido finalmente encontrado a unos diez kilómetros del lugar donde se precipitó el coche, siendo trasladado al depósito del cementerio de la villa de Cangas del Narcea para la práctica de las diligencias forenses.

Pocos días después aparece un elemento aún más llamativo: en el mismo entorno donde había aparecido el cadáver del viajante  se halló otro, cariosamente también de un viajen, en este caso de Oviedo, llamado Venancio Vela. La propia información subrayaba la similitud de las circunstancias y señalaba que se iniciaron diligencias con rapidez para investigar la posible conexión entre ambos hechos.

Reunidas en secuencia, estas noticias marcaron a Cangas del Narcea en los años cincuenta: desde la incertidumbre inicial y la búsqueda del automóvil, hasta la intervención del “hombre‑rana” en condiciones extremas y el desenlace final, ya entrado abril, con el hallazgo del cadáver del viajante y la aparición de un segundo cuerpo en la misma zona del río.

Todo ello me ha llegado de la mano de Manuel Álvarez Pereda, del  «Tous pa Tous» que lo ha recogido como “un testimonio valioso no solo por el suceso en sí sino por lo que refleja sobre la relación del concejo con el río Narcea y sobre la forma en que la prensa de la época fue siguiendo y ampliando, día a día, un acontecimiento que conmocionó a nuestra comarca”

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R. Mera