Sobre S. José, el día del padre, o cómo calificaríamos hoy laboralmente al entonces carpintero

Pues miren ustedes: yo no voy a felicitar hoy a los padres. Sí lo hago con los josés, pepes, josefas y maripepas. Hoy es su santo. Pero no paso por aceptar las fiestas que en un principio Galerías Preciados y posteriormente el Corte Inglés y otras grandes empresas comerciales nos han venido imponiendo desde sus intereses y que nosotros, cual corderines inocentes, hemos aceptado: Día del padre, de la madre, de los mayores, de los enamorados, del niño, de los abuelos…. Y de todo cuanto les parecía y que colocan hábilmente en épocas de pocas ventas.

Pero vuelvo a San José: Ha no muchos años tal día como hoy era fiesta sonada en este país, entonces aún se decía España. Día de traje y tiros largos, que también se decía. En tiempos de la transición, creo recordar, se decidió que de festividad nacional nada de nada. Laborable. Si alguna autonomía decidía hacerlo festivo, pues valía, pero lo de nacional se acabó. Esto trajo más de un problema y alguna anécdota.

Los propietarios del Comercio del Médico, la tienda que se encuentra en la Plaza de Mario Gómez, en Cangas del Narcea, entonces en activo, decidieron que el gobierno podría poner o quitar fiestas como le viniese en ganas, pero San José era San José y ellos lo celebraban. Durante unos cuantos años la tienda, contra viento y marea, permaneció cerrada en el citado día.

También se negó en redondo a dejar de celebrarla, un maestro, Don José Solís. Cuando suprimieron la fiesta se agarró un rebote monumental. Para todos cuantos le conocen, especialmente los que acudieron a clase con él, saben lo que significaba, y aún significa, exactamente un rebote de don Solís, como le llamaban muchos de sus alumnos.
Se negó en redondo a acudir a clase en tal día y así lo hizo hasta su jubilación. Ningún inspector se atrevió nunca a decirle nada al respecto.

Y digo yo que si hoy tuviésemos que explicar en clase quien era San José, entonces carpintero en Nazaret, tendríamos que decir que era un autónomo emprendedor que , en contra del criterio de sus padres, que quería hacer de él un ingeniero naval para construir barcos en los muelles de lago de Tiberiades, optó por manipular la madera en unos cursos que ofertaron los sindicatos para poder seguir en el paro y que, luego, tras pedir una y otra subvención al gobierno de Roma, terminó solicitando una suspensión de pagos al no abonarle las facturas por los trabajos realizados el ayuntamiento de Nazaret, cuyo alcalde fundió los cuartos en comisiones y sobre presupuestos para termas, circos, hipódromos, teatro al aire libre, viajes a Jerusalén y Roma, asesores y chiringuitos para los amigos. Todo fueron facturas que quedaron en los cajones sin pagar. Precisamente por ello por tener que cerrar su empresa de muebles, su hijo Jesús tuvo que emigrar y durante 30 años nadie supo nada de él.

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