CANGAS DEL NARCEA: Galerna cantábrica en el interior de Asturias

Sesenta mil voladores rompieron el cielo cangués durante siete minutos cincuenta y seis segundos


Una galerna seca agitó en la tarde noche de ayer la villa y el concejo cangués. Tras ella un silencio profundo, tan solo roto por el campanín de la ermita de Ambasaguas, se extendió por el valle. Fue el final de una galerna acontecida entre las montañas de los valles del Narcea y el Luiña . Fueron 6,25 minutos de un salvaje trepidar de pólvora rompiendo el cielo de la tarde canguesa. El estallido de unos 60.000 voladores conformando un espectáculo único. Fue el acompasado y rápido vaivén de más de cerca de 800 brazos de cangueses lanzando al aire volador tras volador en una acompasada sinfonía de pólvora. Fue la más trepidante y ruidosa oración que todo un pueblo de interior ofrece a la Virgen más marinera: Nuestra Señora del Carmen. Fue el increíble acontecimiento de la Descarga canguesa.
Juan Fernández, como presidente de la Sociedad de Artesanos, fue el encargado de disparar el primer volador. Seguidamente un espectacular y disparo a mano de cientos de voladores que protagonizan unos 400 tiradores ayudados por otros tantos apurridotes, ayudantes, cuya misión es poner en la mano de aquel un volador cuando apenas ha soltado el primero. Fue el momento más esperado por los cangueses durante un año. Un espectáculo de precisión y destreza que duro 3 minutos 40 segundos. Con precisión matemática, y tras el lanzamiento del primer volador, el círculo de fuego en torno al puente de Ambasaguas donde la procesión se detiene, se cierra en atronadora galerna. Las primeras máquinas arrancan en el Prao del Molín, En el minuto 3,06 arranca la primera del Prao del Molín; los tiradores apuran su ritmo. 4,13, arranca la segunda, 6,05, arranca la tercera. La del Fuejo lo hizo en 3,28 la de Los Nogales en el 5,55. La tierra tiembla. El acre olor de la pólvora se cuela por todos los rincones. Unos se tapan los oídos, otros gritan sin oír su voz. El ritmo de explosiones crece y crece cada vez a mayor velocidad. Las lágrimas corren por la cara llena de pólvora de muchos mocetones. Los tiradores terminan sus cargas y corren a colocarse para vivir el final. Es el momento culminante. Segundos antes del final, unos treinta morteros de la pólvora conocida como candelina griega suben al cielo ululando e inundando el valle de un largísimo quejido. El corazón de todos se encoge. Y entonces una tremenda explosión sacude cuerpos y suelo. Y se hace un silencio tan profundo como la explosión. El campanín de la ermita de Ambasaguas suena. Se reanuda la procesión y las lágrimas corren sin vergüenza ni tapujos y prodigan los abrazos. La oración de pólvora de Cangas se ha cumplido un año más. Cangas vibró con su Descarga. Apenas unos heridos leves por varas o carretillas caídos del cielo y poco más. Un milagro de precisión y conocimiento entre kilos de pólvora. O quizás sea que la Virgen del Carmen extiende su manto protector sobre todos los cangueses sean estos creyentes o no.

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