La foto y su pie: El chozo

 

Ha quedado el chozo aislado y sin pastores. No suenan en su entorno esquilas ni ladridos. Ni se oyen ya balidos de ovejas ni mugidos de vaca en la lejanía. En realidad, el chozo nació ya sin vida, yerto de quehaceres, mustio en su añoranza de lumbres no encendidas y sartenes repletas de migas o sopas de patata.

El chozo es tan solo una ilusión a la mirada del curioso que intenta interpretar en su soledad y silencio otras vidas en otros campos plenos de actividad.

 

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