CANGAS DEL NARCEA.- La feria de la Cruz, vehículos, neblina y paisanos

(Foto: Maribel. Clicar para verla completa)

Una neblina fría se cuela por los valles del Narcea y el Luiña. El sol intenta abrirse paso entre ella sin apenas logarlo, aunque se le adivina fuerte y radiante allá en las alturas.

Hay animación de tráfico en el Paseo. Todos los vehículos circulan en sentido Leitariegos. Seguro que la gran mayoría lo hace con destino a La Himera. Hoy, cuatro de mayo, se celebra la Feria de la Cruz.

Cuando en una gran cantidad de pueblos se conmemora la Exaltación de la Santa Cruz con concurso de cruces florales y adorno de calles, fuentes y plazoletas, aquí, en un concejo eminentemente ganadero, celebramos una feria. Estoy de acuerdo en que ya no es lo que era, pero de momento sigue siendo.

Aún falta un cuarto de hora para las nueve de la mañana. Me enfundo el chubasquero “por si hace falta” y emprendo el camino carretera adelante obviando hoy el Paseo del Vino. El tráfico sigue siendo abundante y me encuentro más caminantes que otras mañanas. No son habituales y, como los vehículos, la gran mayoría van, siendo pocos lo que vuelven. El sol sigue sin abrirse camino aunque la niebla ni siquiera moja.

Llego a la Himera. Tal parece que lo que se celebra es una feria de vehículos de ocasión. Aparcamientos, carretas y caminos del entorno se encuentran a tope. Cuando uno accede al recinto le llama la atención la gran cantidad de paisanos que en corros, muchos de ellos inclinados sobre sus varas o garrotas, hablan y comentan sin parar. Entre ellos se ven las reses que apenas ocupan la mitad del recinto. Si hubiésemos de clasificar la asistencia diríamos que, la encabezan los vehículos, seguidos, ilógicamente porque no puede haber más vehículos que conductores, lo paisanos y, por último, el ganado. Vacas, cerdos y apenas una docena de caballos.

Esto se acaba, dicen los paisanos. No las ganaderías que se están dinamizando de la mano de jóvenes y preparados ganaderos, sino el sistema de ventas en ferias. Ahora de las medianas a las grandes ganaderías acuerdan sus ventas directas a mataderos o cadenas de distribución, el resto suele hacerlo en las propias cuadras ahorrándose los gastos del llevar y traer el ganado.

En la villa, la feria apenas tiene incidencia. Algunas tiendas en la Oliva y poco más. Son las doce y el sol aún no ha logrado abrirse paso. Los días de feria ya no son lo que eran. Toda cambia, todo pasa.

 

 

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