La foto y su pie. Los vencejos

Hienden la tarde como cuchillos negros. Persiguen a sus propios gritos en el anochecer templado de mayo. Rasean el suelo y se elevan como flechas incontroladas en múltiples direcciones. Es inevitable el recuerdo de  Hitchcock.

Son los vencejos. Cuando tal parecen que un numeroso grupo va a estrellarse contra la torre, cambian aceleradamente de dirección y parecen precipitarse sobre el cimborrio de la ermita del niño. Se cruzan incomprensiblemente con otra bandada, y con otra, y otra. Se unen. Giran, Suben. Se separan y bajan en picado a ras de suelo obligándome a agacharme. Hay cientos. Quizás un millar.

Por las mañanas, cuando el sol comienza a calentar, vuelven a la carga aunque quizás menos intensamente que en los atardeceres. Lo vencejos forman parte de la esencia del propio pueblo de Berzocana y anuncian con su gritos el anochecer.

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