La foto y su pie.- Soledad de espera

Son las dos de la tarde. Sentados en la terraza de Pedro vemos como una suave brisa mueve las hojas de los árboles que ya proyectan su sombra de primavera.

Silencio. Mesas y sillas vacías. Nadie cruza. Nadie pasa, Ni un solo grito de niño. Tan solo cantos de pájaros y el chillido de algún vencejo. Creo que en la Plaza, las terrazas huérfanas de clientes aguardan impacientes la llegada de agosto. Será entonces el momento del bullicio, los gritos, las voces y el jaleo. Mientras, nos dejamos arrullar por el roce de las hojas y el sonar de los pájaros.

Pedro se asoma a la puerta:

-¡Esto es una ruina!

Enciende un cigarro y mira nostálgico mesas y sillas vacías

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