CANGAS DEL NARCEA.- Izando el Arbolón (II)

(Viene de ayer: Izando el Arbolón I)

Junto la puerta del Palacio de Uría, domicilio de Noé Avello, éste charlaba animadamente con Serranín (el cartero), su compañero Alfredo y Toni Casín. Acababan de llegar del Caniecho. A echar una mano, decía son sorna Serranín .

-Maayor, habrá queee dirse yendo ¿nooo?

-¿Ties prisa?. Respondió Alfredo dando una larga chupada al cigarrillo

-Noo, yooo, ninguna. Es la mi mooorena, la que sieeempre está aaaceleeerada

-Voy bajaros un vinín; que tengo uno bueno de Tebongo que me han regalado. Y Noé se fue en busca del vino.

La actividad se reanudó en torno al árbol. El reloj ya había dejado atrás la una de la madrugada y el personal se encontraba cada vez más animado.

-¡A ver nenos!. ¡Agarrarse y apretar!. A la de tres

-Ton ¿tiro ya el volador?

Ramón Conejo se acercó humilde y educado con un volador en una mano y un cigarrillo encendido en la otra.

-Ton, ¿tírolo ya?

-¡Haz lo que te salga de los güevos!, Pero vete abajo, el río. ¡Y no te afogues que tu eres capaz!. ¡Y tírele p´a arriba, no p´al agua!

-Unaaaa…. Dooos….¡arriba!

El árbol fue empujado con fuerza hacia arriba retemblando entre tejas y paredes. ¡Vale, vale!. Patiño dio el alto. El tronco estaba totalmente embocado y ajustado. Procedió a acuñarlo con pericia.

-¡Esas sogas!. ¡Laputaquevosparió! ¡Vais joder las tejas de la ermita!. ¡Tirai p´a la derecha!

¡No, no!. P´a la izquierda. Gritó alguien desde la otra parte

-¿Pero p´a que hostias de izquierda tenemos que tirar?.¡ Travallai algo en vez de tanto mandar!.

Un empujón más y el árbol quedó derecho y encajado. Gritos, abrazos…

-¡Viva María L´Aire!

-¡Viva la kilika!. ¡Viva el Arbolón!

Fariñas tocaba sin parar. Abrazos y despedidas hasta el próximo año. La gran mayoría de los porteadores se dirigieron hacia el Sotero.

-Antón ¡eres la hostia, eres el mejor!

Todos habían olvidado ya los tacos, las blasfemias, los insultos… Con razón dicen que los cangueses son los hombres que más se insultan unos a otros del mundo.  Y nunca se siente insultados

Cagoendiós, si es que acabáis con uno. Me tenéis hastaloscojones y voy a fartarosahostias antes de tener que cagarme en laputquevosparió y en el putoárbol!. ¡Voy a terminar mandándolo a tomarporculo y que lo traigan las putaspitasdegrao o el cabróndesanpitufato. ¡Pagai un vino dejaros de hostias ni enreos!.

Una gran carcajada cerró la demostrativa declaración de Antón. Una volador estalló un poco más allá saliendo del río. Ramón Conejo había cumplido su tarea y saludaba orgullosos a los que le aplaudían desde arriba.

-¡Viva la Virgen del Carmen, mecagoendiós!

En una noche así, los cangueses eran capaces de vitorear a la madre insultando al hijo de mala manera y cerrar con un

-¡Hasta el año que viene si Dios quiere!

 

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