La foto y su pie: Inconformismo

Abre septiembre sus días más otoñales que veraniegos al calendario. Los pueblos y aldeas han comenzado ya quedarse vacíos de gentes y gritos de chiquillos. Un pequeño tractor pasa repleto de leña. Es el anuncio, quizás prematuro, de que, inevitablemente, como ocurre año tras año desde el inicio de los tiempos, se acerca el invierno.

Vuelvo a echar de manos el calorcillo matutino de Berzocana entre el suave orbayo (agua menuda) mañanero de Larna. Bancos de niebla se esconden entre los valles y, a veces, parece que el sol quiere romper las nubes de niebla, allá tras las montañas. De momento no lo consigue.

Quizás, allá hacia la tres de la tarde, cuando busque mi bata para dar una cabeza en el sofá con la televisión encendida, quizás eche de menos “una siesta bien sudada” que dirían mis paisanos extremeños para rechazo inmediato de los también paisanos asturianos. Inconformismo, se dice.

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