Otra vez aires de las Villuercas

Domingo.Otra vez el viento de las obligaciones familiares me hace cambiar de aires. Apenas llegado de tierras franceses y tras un larguísimo (o a mí me lo pareció) verano en la aldea, aún no he podido dar trabajo a mi sofá allá desde antes de la fiestas del Carmen. No me extrañaría iniciase una protesta por abandono, o más al día, me reclame diálogo y negociación para resolver tan complicada situación.

El caso es que me encuentro de nuevo en las Villuercas, en Berzocana, donde aún perdura el verano y las tierras se encuentran resecas y duras, como si en completo abandono se hallasen. Calienta el sol y falta agua en los campos. Tan solo la soledad de las calles, plaza y plazoletas, indica que ha pasado el periodo estival y el pueblo se ha recogido en sí mismo esperando el invierno. Un invierno que no llega, tanto que ni siquiera se ha iniciado el otoño. Tampoco hay castañas, se encuentran hueros los erizos por la sequía. Otro palo a los pequeños agricultores.

José Luís Sotana, mi vecino, dice que está reseco el Cheringuete africanizando el nombre de su finca de la Caballería.

Dejé las nieblas mañaneras en Cangas, junto al jersey, y esta noche he dormido de nuevo con la ventana abierta. Me han despertado lo gorriones aunque la luz mañanera tarda en aparecer. La temperatura y el transcurrir del tiempo no llevan el mismo paso, quizás sea el signo de los tiempos.

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