¡Agua, agua! ¡Ya era hora!

Martes.Baila el limpia sobre el parabrisas. Silbo algunos compases de “Bailando bajo la lluvia”. ¡Ya era hora!. Dejo Berzocana bajo el agua camino de Madrid. Mo me abandona hasta pasado Talavera.

Han comenzado a sonreír los campos y suenan más afinados los cantos de los pájaros. Comienzan a brillar las hojas. En una de las chacineras de Deleitosa, un hombre entra mojado y contento: ¡Ya era hora! .Fue la exclamación más oída del día

¡Nunca me alegré tanto el ver llover!, me decían ayer desde Cangas del Narcea. Ha aquedado dañado, muy dañado, mi concejo; igual que los limítrofes. También el agua lamía ayer, y lo hace hoy, las heridas profundas de sus montes arrasados por el fuego calmando sus dolores.

Escribo ya desde Madrid. Son las seis de la tarde y también llueve. Esta vez también los madrileños  reciben el agua con visible satisfacción. La contaminación les tiene gravemente abrazados desde hace más de cincuenta días. Sus gentes caminan más apresurados aún que de costumbre bajo la lluvia. Algunos ni siquiera habrán encontrado los paraguas.

Llueve en la Villuercas y la Naturaleza respira con alivio.

 

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