Estuvimos allí. “Tomasín”, una vez libre, vuelve a La Llaneza, Tineo

Su casa en La Llaneza

Tomasín sale de la cárcel. Lo hizo portando una bolsa de basura con sus pertenencias y caminando tranquilo.

El hecho me retrotrajo a los primeros días de septiembre de 2011, cuando, en La Llaneza, aldea de Tineo, disparó a su hermano Manuel dos balines caseros con una destartalada carabina y que impactaron en su frente. Fue suficiente para acabar con su vida.

A lo largo de septiembre y octubre de 2011, la Guardia Civil puso en marcha la llamada “operación Altasierra”, con agentes apostados en el monte con el fin de detener a Tomasín. Y es aquí donde aparecemos nosotros: Pepe Rodríguez, de la Nueva España; José María Azcárate, del Comercio; y yo, de La voz de Asturias.

Como corresponsales en la zona fuimos movilizados por nuestros periódicos para seguir la búsqueda y detención de Tomasín y dar cumplida cuenta de ello. Íbamos y veníamos desde Cangas y especialmente Pepe y Azcárate, más presionados por sus periódicos hubieron de pasar muchas horas por los alrededores de La Llaneza y Tineo.

Tomasín burló a los agentes un día y otro también incluso yendo a comprar a un Super de La Espina (Salas). Desde allí regresó a La Llaneza en taxi. Ello llevó un poco al regodeo de los vecinos de la zona y la Guardia Civil redobló sus esfuerzos para detenerle.

La llanaeza

Fue precisamente uno de estos días. Caminábamos los tres citados monte  arriba en busca de una cueva donde nos habían contado que había estado pernoctando el fugitivo. Los hacíamos despreocupadamente y Pepe nos contaba unos y otros sucedidos con voz potente y arranques y paradas en el caminar. De repente surge ante nosotros la figura de un Guardia Civil cubierto con pasamontañas y el arma en las manos

-¡Alto!. ¿Están ustedes locos¿. ¡Identifíquense!., nos increpó el guardia un tanto enfadado.

Cogidos de improviso tardamos en reaccionar. Somos periodistas, dijo Pepe adelantándose un paso.

-Pero ustedes no pueden andar así por esta zona, estamos desplegados y podemos confundirles o que delaten nuestra presencia. Tienen que irse de aquí inmediatamente.

Y así lo hicimos entre bromas y pitorreos una vez pasado el susto. Días después Tomasín fue detenido, o más bien se entregó. En el monte había vivido en cuevas y en el interior de un coche abandonado, en condiciones precarias.

Esperando precisamente esta detención y el traslado del preso nos apostamos  frente a la Casa Cuartel de Tineo. Salió un guardia:

-Hagan el favor de venir conmigo, el sargento quiere verlos.

Nos miramos unos tanto extrañados y dispuestos de cir que nones. Pero como nos aburríamos y Azcárate era (y es) muy amigo de estas guerras, allá que nos fuimos con el guardia. El sargento nos recibió en su despacho interesándose en qué hacíamos allí. Se lo explicamos.

La Casa cUaratel

-Pero ustedes saben que no se pueden hacer fotos al cuartel  y ustedes las han hecho. ¿Pueden enseñármelas?.

Como quiera que el cuartel era un bloque de casas sin nada especial, encendí mi máquina y le enseñé no más de tres fotos que había hecho por si en alguna ocasión me hiciesen falta para ilustrar algún reportaje sobre Tineo. Pepe también se las enseñó pero ceo recordar que Azcárate se escaqueo. El sargento nos dió las gracias y nos dijo que podíamos irnos. Seguramente solo quería dejarse ver. Al final no llegó Tomasín.

Tomasín a la salida de la prisión

El juicio se celebró en febrero de 2014, y el jurado consideró a Tomás Rodríguez Villar “Tomasín” culpable del homicidio de su hermano y de tenencia ilícita de armas. La sección segunda de la Audiencia le condenó a seis años.

Cuentan que la estancia de Tomás Rodríguez en la prisión de Asturias fue para él un bálsamo, hasta el punto de que n quería abandonarla. Residió durante estos años en la enfermería y llevaba un huerto en uno los patios de la prisión. Durante estos seis años, nunca quiso beneficiarse de ningún permiso, ni del tercer grado que le hubiese permitido salir a la calle hace ya año y medio

Ahora, la noticia de su regreso a La Llaneza ha vuelto a poner a este pueblo tinetense en primera línea. Su cabaña, a unos cientos de metros del pueblo, la que nosotros íbamos a conocer, permanece cubierta de maleza y un saco resquebrajado por el viento y la lluvia cumple la misión de puerta. En el pueblo le espera una casa y unos cuantos prados herencia de su padre. La vivienda ha sido adecentada por su prima Edelmira y el marido de ésta, Fidel, vecinos de Llanu’l Riegu.

Su única preocupación nada más salir, nos cuentan, era volver al monte.

 

 

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