Ayer arranqué la última hoja del calendario

Ayer arranqué la última hoja del calendario. Se fueron con ella días alegres y tristes, sueños y esperanzas, e incluso deseos cumplidos. Tempus fugit, decían los latinos. Huye el tiempo y caen las hojas del calendario ajenas a todo. A los deseos humanos y a las interpretaciones del tiempo. A lentitud con que lo aprecian los jóvenes y la rapidez con que los mayores miden su pasar. El tiempo y el espacio permanecen inmutables en su ser. Nosotros los medimos en función de sensaciones y deseos unívocos en cada individuo y muy distintos en cada apreciación personal. Es la relatividad del tiempo y de las cosas.

Yo estoy ya en el segundo grupo. Apenas ha sonado el último volador del Carmen y he recogido mi bañador cuando suenan los villancicos y los cascos de los caballos de los Reyes Magos despierta ilusiones entre los niños y, muchas veces también, entre los no tan niños. Y llega el carnaval cuando apenas han llegado los caballos a las cuadras

Y arrimando cada uno el ascua a su sardina, políticos, técnicos, empresarios, gobernantes, sindicalistas, banqueros, vividores y la farándula de Telecinco, analizan lo ocurrido en el año ya agonizado mientras tertulianos y sabelotodos siguen aumentando el campo de palabros y definiciones huecas con las que puedan seguir hablando de todo sin decir absolutamente nada. Y nosotros, papanatas del momento, repetimos sus circunloquios y vacuidades considerándonos enterados e instruidos. Y cuando llega el momento supremo de la argumentación soltamos un rotundo ¡Lo he leído en Facebook!. ¡Lo he leído o Twiter! que, aseguramos, deja totalmente desarmados a nuestros adversarios. Las letrinas de Internet, dijo alguien.

Ha acabado un año. Ya tengo ante mí la hoja correspondiente a enero de 2018. Días en negro con domingos y festivos en recuadros oscuros. Y debajo de cada número, el santo correspondiente al día: San Basilio, Santa Genoveva, San Celso, San Simeón….para terminar el 31 con San Juan Bosco. Días en blanco que debemos rellenar de vida. Pasan al limbo del olvido los pasados y quedan en el limbo de lo posible o probable los que llegan. Y de nuevo pasarán muy lentos, lentos, o rápidos y muy rápidos, para la percepción de jóvenes o viejos. Mas ellos mantienen firme e inalterable su esencia temporal ajenos a nuestras mediciones. Exactamente igual que en años anteriores.

He arrancado la última hoja del calendario pasado y he abierto la nueva. Suena la música del Concierto de Fin de año de Viena en la tele, como cada año desde hace ya muchos. Todo fluye, todo llega y todo pasa. Nunca es mejor lo vivido, sino lo que está por vivir. Y por eso miro con esperanza e ilusión de joven al nuevo calendario pese a saber que los días irán cayendo uno tras otro en las rutinas del hacer o no hacer de un jubilado. Hasta que caiga la última hoja del calendario único y especial de la vida de cada uno. Esa si será la última hoja. Mientras, seguiré acudiendo diariamente a esta página para estar con vosotros.

Que, Dios, el Destino, la Diosa Fortuna o los Vientos de la Vida, según la creencia de cada cual, os sean propicios a todos.

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