BERZOCANA.- José y Ana María

Aún miran directos a la cámara. Y lo hacen con mirada de niños caminando de nuevo hacia el futuro. Al fondo su pueblo, su vida, sus quereres, sus sacrificios, sus buenos momentos, sus ilusiones, su duro trabajo.

José Salero y Ana María se siguen apoyando el uno en el otro. Y siguen el camino marcando los mismos pasos. Y lo siguen haciendo cual si volvieran a sus veinte años. Es la relatividad del tiempo capaz de pasar dejando su huella y, a la vez, permanecer en los corazones.

Ella se apoya en el brazo de José como hizo en su juventud del entonces  mozarrón que estudiaba música con el método de Hilarión Eslava:

-Do, sol, mi; sol, re; sol, do… ¿Te acuerdas José?

Dejan atrás el pueblo en su paseo vespertino. Pero vuelven. Siempre vuelve uno a sus raíces

-¿Te cansas Ana María?

-No, no. Tira un poco más

Se miran sonríen y sigue su pausado caminar mientras saborean sus recuerdos y tantos momento felices vividos junto a su hijos y ahora sus nietos

Cae la tarde y el sol se pone por las dehesas. Como cada tarde, como cada mes, como cada año.

José y Ana María miran un momento a la cámara y siguen su camino

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