Una pataleta

Por Irene Zanfaño

 

Ya abiertos los ojos en el Hospital de Aranda de Duero un día de lluvia, el 17 de marzo de 2008, vi por primera vez a mis padres.

Recuerdo que a los tres años recién cumplidos, cuando iba a Primero de Infantil, por la tarde a mí me gustaba dormir la siesta y odiaba que mis padres me despertaran para ir al cole.

Un día durmiendo la siesta en el sofá, mis padres me despertaron para ir por la tarde al cole (entonces había) y ya despierta solo quería ir con mis zapatos de gitana que tenían tacones. Pero mis padres me decían

-¡Irene!. ¡Que no los llevas! ¡Que no se puede!

Y así hasta que yo los convencía diciendo que sí se podían llevar y pegando pataletas hasta la hora de irse. Entonces no tuvieron otra opción y me dejaron. Laura, la profesora, también, pero solo un rato. Además mis padres me llevaron en una bolsa los otros zapatos y ella me los cambió.

 

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