COSAS DE XUAN.- De géneros, sexo y la enciclopedia Álvarez

Una elucubrante discusión captada desde mi observatorio de media mañana, semioculto el rostro por el periódico, terminó con la llegada de Xuan que, inesperadamente, se presentó en el bar en mi busca con el fin de tomar un café tras haber vuelto de su periódica revisión en el Centro de Salud.

Me saludó y, como se dio cuenta de mi interés en la discusión, me tendió la mano en silencio y también aplicó el oído.

Iba la cuestión de “portavoces” y portavozas”, “miembros” y “miembras”  “jabalínes” y “jabalinas” (así lo decían) y otros palabros que, en su criterio, harían “visibilizar” (toma palabro) a la mujer y su feminismo.

Terminada la discusión al marcharse los contertulios, Xuan les espetó:

-Si os acordarais de los géneros gramaticales, epiceno incluido, no tendríais esos problemas tan tontos.

-¿El qué, ho”?, dijo uno de ellos con cara de susto. ¿Qué coño ye eso del epiceno y qué tiene que ver con la visualización y los derechos de la mujer?

Xuan efectuó un gesto ambiguo con la mano y se sentó en mi mesa

-Mira cuntapeiro, esto no ocurriría si hubiesen estudiado en la escuela con la Enciclopedia Álvarez y una pizarra. Me acuerdo como si fuera hoy, y buena falta le haría también el saberlo a muchos, políticos y políticas (estoy al loro) incluidos e incluidas, (sigo al loro).

Escucha y explícaselo a los de la tu página. Lo mismo recuerdan y dejan de aplaudir o aceptar tanta sarta de sandeces como sueltan los de lo políticamente correcto, incluso en la Lengua o el Lenguaje, que uno es de pueblo, pero no tonto, y sabe que no es lo mismo la una que lo otro

Acuérdate: Estaban los géneros masculino y femenino que se aplicaban a los machos o las hembras. Es decir, según el sexo. Y quedaba claro que el género es de las palabras y el sexo de las personas y animales. No como ahora que lo mezclan y embarullan y al final no sabemos si las que tienen sexo son las palabras y género las personas o veceversa, o semultáneamente, que decía aquel.

Luego viene el llamado género común, que es el de los nombres que designan entes animados que tienen una sola terminación y diferente artículo.

Voy ponerte unos ejemplos: El violinista, la violinista; el mártir, la mártir; el testigo, la testigo; el espía, la espía; el dentista, la dentista; y otros tantos. Pero mira, también pertenecen a este grupo algunos participios activos como estudiante, atacante o saliente. Nunca decimos estudianta, atacanta o salienta, salvo que ahora nos lo suelte alguna portavoza y lo aceptemos como bueno sin más. Recuérdote que, como en todo, existen excepciones como presidente/presidenta.

Viene luego el género epiceno. Ese que sonaba tan raro a los artistas que salieron.  El epiceno es el que

Xuan visto por Neto

corresponde a los nombres de animales que tienen un solo género gramatical para ambos sexos biológicos. Otra vez la diferenciación entre sexo (persona y animales) y género (palabras).

Mira estos ejemplos: el ratón, la rata, la rana, la comadreja, la liebre, la hormiga, el búho, el escarabajo, el buitre, el delfín, el cóndor, la llama.

Anda que estaría guapo que algunos de estos de lo correcto nos dijera el hormigo o la cóndora. Para mear y no echar gota. Para especificar el sexo, se dice “el ratón macho”, “el ratón hembra”, “la comadreja macho”, “la comadreja hembra “¿Ves qué fácil? Y sin decir ninguna barbaridad progresista

Y por último el género ambiguo. Y por defender este si que pueden darme algún palo o incluso que quieran denunciarme por xenófobo o delito de odio ya que si digo de alguien que “es ambiguo” enseguida hay mosqueo,  ya que, decía la Álvarez, este género es el que corresponde a algunos sustantivos que admiten indistintamente el artículo masculino o femenino: el mar y la mar; el puente y la puente; el calor y la calor; el o la reuma y el tilde o la tilde; por señalar algunos.

Y acabó la clase, paga el café y procura que el personal se entere y de paso, que repase la enciclopedia, la Álvarez o la Sopena, la que quieran, antes de soltar paridas lingüísticas o paridos lingüísticos.

¡Hay que joderse y jodersa!, concluyó Xuan con una gran risotada.

 

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R. Mera

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