Primer día de primavera: ¡Joder que frío!… y música

Primer día de primavera. Dicen. Embufandado hasta las orejas me echo a la calle en busca de mi paseo matinal. Eso sí, antes he tenido que armarme de valor. Las mañanas castellanas son de un frío seco que te corta el aliento.  Quieren caer algunos copos, más de hielo que de nieve que, como ya les he dicho, suele surgir de todas partes menos verticales desde el cielo.

En Arco Pajarito anuncian un concierto de música. Veo el cielo abierto, o mejor dicho la posibilidad de cerrarlo y buscar entretenido refugio. Es un Centro de Mayores por lo que me encuentro en mi propio medio. Tan revoltosos como chiquillos en fiesta escolar tardan en colocarse. Al final lo logran y se inicia el concierto. Es una banda militar de Burgos; no me quedo con el nombre de la Unidad a que pertenece. Haya chicos y chicas, (¿o tengo que decir soldados y soldadas?).

Se animan los músicos con piezas de películas y marchas militares. Impávidos, avanzando entre el público, tres paisanos que llegan de la calle se dirigen decididos a la barra-

-¡Ehhh!, ¡Tres claretes!

-El teniente que dirige se queda con la batuta en el aire, los mira sorprendido, emite una sonrisa comprensiva y da entrada a la nueva pieza.

Uno de ellos mira el reloj y le dice al otro, con voz perfectamente audible.

-¡Qué coño de música!, Es que ya la es la hora de los vinos

No tardarían en unírseles algunos otros que, sin mucho disimulo, comienzan a darle a la lengua.

Pero todo cambia cuando los músicos inician briosos los primeros compases de “Banderita”. Todos se vuelven. El director les anima con las palmas y el personal le sigue. En un momento determinado se arrancan todos a cantar puestos en pie. En un instante, aquella gente perdió un montón de años y muchos de los paisanos volvieron a su cuartes de la mili. Terminan con gritos y aplausos.

-Ahora sí: Os habéis ganado que toquemos “Soldadito español”, dice el director.

Y se arrancan. Todos en pie cantan con la orquesta para terminar de nuevo con gritos y sonados aplausos. ¡Ah!, ¿pero hacía frío?

Es la una de la mañana y de nuevo hay que embozarse para volver a casa. Inconscientemente voy silbando “Soldadito” mientras el vaho de mi propia respiración empaña las gafas.

Dicen que hoy es el primer día de primavera. Eso dicen los papeles. En Aranda de Duero seguro que no.

 

 

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