La foto y su pie. Placidez gallega

El caminante ha hecho un alto en el camino de su vespertino paseo. El mar mece su placidez gallega con nanas de agua y, desde el banco, el hombre deja vagar vista y oído viendo sin ver y oyendo sin escuchar. Tan solo un “dejar hacer, dejar pasar”, recuerdo de sus adolescentes clases de filosofía, invade deslizante su mente.

Ante el silencio del caminante todo lo dice el banco en su inerte silencio:

Grazas pola vida . (Gracias por la vida)

Todo un tratado de filosofía gallega en tres palabras arrulladas por un ronroneo de olas en la arena. La tarde se duerme plácida en el atardecer gallego

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