La foto y su pie.- Lluvia en Pascua, verano sin cortes

Martes de Pascua. Ha amanecido un día invernal de nieblas y aguas. Los canchos se han ocultado tras una capa gris que va y viene con el viento. Las casas de la villa se apretujan unas contra otras y hasta la torre, generalmente enhiesta y orgullosa, parce querer achicarse ante los golpes de agua y aire.

El calendario me dice que es primavera; la Plaza y las calles de la villa, solitarias y azotadas por el agua, apuntan a invierno pese a que aún no han perdido los ecos del bullicio vacacional de la Semana Santa.

Llueve. Hay sentimiento de alivio en los nativos. El campo está seco y el verano, pese al disfraz del día, apunta su llegada. Está casi seco el depósito de la Sierra. Se vació para limpiarlo. La lluvia no llegaba. El helicóptero que luchó contra el incendio de la Cabeza del Moro, apuró sus escasas reservas. Y las lluvias no llegaban y el nivel no crecía. Se auguraban cortes de suministro en verano. Este agua que ahora nos molesta es anuncio de bienestar en otras fecha en que de nuevo las calles de la Real Villa se llenarán de bullicio y la Plaza de terrazas y gritos de niños.

Suspendo mi paseo. Mis botas veraniegas dejan que el agua me cale. De toda forma bienvenida sea.

 

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