CANGAS.- Vino en barricas de castaño asturiano

La espera ha terminado. La bodega Monasterio de Corias ya ha empezado a embotellar los 500 litros de vino blanco almacenados durante seis meses en una cuba de castaño asturiano. Esto supone, fundamentalmente, dos cosas. Una, la evidente, es que la bodega, amparada por la Denominación de Origen Protegido Vino de Cangas, sumará a su ya amplia oferta una nueva referencia: se trata de un caldo elaborado a partir de uva albarín blanco, pero, y esta es la cuestión, conservado en castaño asturiano en lugar de en roble francés como es habitual. Un etiquetado diferente establecerá las diferencias.

La otra cuestión a tener en cuenta es que este nuevo vino «es 100% asturiano», incide el gerente de la bodega, Víctor Álvarez. La materia prima utilizada sale de viñedos plantados en la zona suroccidental del Principado y llega a la bodega Monasterio de Corias, localizada en Cangas del Narcea, donde se transforma. La autoría de la cuba corre a cuenta de los hermanos Argüelles, cuarta generación de maestros toneleros y con centro de operaciones en Breceña (Villaviciosa). José y Carlos Argüelles se encargan de elegir la madera, o sea, el castaño asturiano, que «cada vez está mejor valorada en otras zonas vitivinícolas», inciden, y darle la forma de cuba.

 La vendimia de 2018 fue la primera que Monasterio de Corias reservó para llevar a cabo esta idea, resultado de muchos meses de estudio. «No estamos como para malgastar uva, así que antes de dar el paso investigamos cómo podría funcionar nuestro albarín blanco en este tipo de madera», explica el gerente.

Las diferencias entre usar castaño asturiano y roble francés son notables y se perciben tanto en el aspecto como en la nariz y el gusto. En cuanto al olor, lo cierto es que «la nariz es mucho más varietal en el castaño que en el roble, ya que la barrica no va tostada, sino solamente ‘destintada’ para eliminar posibles notas de resina», explica el enólogo de la bodega. Además, mientras el roble tiende a aportar aromas de especias dulces (coco, vainilla o canela), el castaño tira hacia los balsámicos (clavo y tomillo) y especiados secos (pimienta blanca y nuez moscada).

En el gusto influye que el tanino del castaño sea más ligero y no vaya tostado, pues «el vino suele ser más nervioso hasta que pasa unos meses en botella», apuntan en la bodega. Lo contrario pasa con el roble, y de ahí que este aporte cierta sensación de redondez o glicerina desde el inicio.

Las diferencias en cuanto al aspecto, aunque presentes, son menos notables ya que en solo seis meses no se llegan a apreciar los matices. Además, aunque el castaño es algo más poroso que la variedad francesa, el ancho de la duela es más grueso, y compensa.

Asturias es el hilo conductor y el responsable del resultado de este nuevo caldo. «Tenemos que mirar por lo nuestro, por eso hemos querido hacer un vino en que se cerrara el ciclo», concluye Víctor Álvarez.

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