CANGAS DEL NARCEA.- De cuando el Arbolón acabó en el Juzgado

Mañana, viernes, un grupo de cangueses provisto de hacho, sogas y otros artilugios, emprenderán un camino ya trazado en busca del “arbolón” que habrá de ser plantado frente a la ermita del Carmen en vísperas del Señor San Pedro como la tradición manda. Robado, portado a hombros, que la copa llegue intacta y sobrevuele al campanín de la ermita

Cuando uno ha acompañado ya cerca de cuarenta veces al arbolón en su camino y ha dejado atrás los setenta, no es de extrañar que sean más los recuerdos y las caras que las ilusiones que a uno le llegan cuando se abre la puerta a esta festividad. No obstante, tal parece que la sangre se revitaliza cuando comienzas a preguntar hacia dónde se dirigirán los mozos este año o qué camino traerán, a qué hora se reunirán en el Sotero o qué corona estará preparando la Mecha.

-¡Mecago´en to lo que se menea!. ¿Y ahora por qué coños os paráis?

El vozarrón de Antón, que caminaba junto a la copa del árbol dirigiendo la marcha, fue contestado por toda una retahíla de improperios, palabrotas, risas y una serie de maniobras que terminaron con el árbol en el suelo justo cuando llegaban al Corral, hacia la puerta del almacén de gaseosas y cervezas el Águila Negra, enfrente de la báscula. Venían de las cercanías de Corias en uno de cuyos prados, junto al río, habían robado el árbol.

-Antón, la Guardia Civil, ¡que nos ha parado la Guardia Civil!

Un joven llegó todo acelerado a traer el motivo de la parada

-¡Que Guardia Civil ni qué mi madre! ¡Aquí el único que para el arbolón soy yo ¡

Antón, resoplando, comenzó a andar hacia la cabeza del cortejo que conformaban los porteadores que, sudorosos y con las camisas, jerséis o rodelas en los hombros, resoplaba ante el esfuerzo efectuado para poner el enorme tronco en el suelo sin que nadie se lastimase.

Efectivamente, allí estaba una pareja de la Guardia Civil que había dado el alto a la comitiva.

-Pero, ¿se puede saber qué coños pasa?

Los porteadores comenzaron a arremolinarse en torno a la pareja en demanda de información.

-Calma, calma todo el mundo, ahora les explico. Uno de los números tomó la palabra de forma tranquila y pausada.

-Miren ustedes. Tenemos la denuncia de un vecino de Corias por robo de un árbol y por ello hemos de actuar. Según el dueño del lugar donde ustedes le han robado si lo vuelven se suspende todo y aquí no habrá pasado nada.

-¡Y una mierda pinchá en un palo!. Gritó una voz de entre los que configuraban el corro

-¡Qué venga el que sea y de la cara!. ¡Que se joda!. ¡El arbolón siempre se ha robado y nunca ha pasado naa.¡ ¡ El que ha denunciado es un quilica!.¡Se le vamos a llevar a casa y meterlo debajo de la cama sin abrir la puerta!. Y así gritos e insultos llegaban de uno y otro lado.

La pareja intentaba calmar los ánimos, pero éstos se exacerbaban cada vez más.

– ¡A tomar por culo! Vamos, ¡Arriba con el árbol!.

Antón algunos años después

Antón marchó hacia el centro del mismo seguido de Patiño, Suso el cartero (padre) y los más destacados cofrades del arbolón. Los porteadores, sin dejar de gritar y soltar palabrotas, se fueron incorporando cada uno al lugar que tenía designado.

-A la de tres. ¡Una…. dos…. y tres!

Y el gran tronco se izó y quedó de nuevo depositado en los hombros de los portadores que arrancaron con un paso ligero y alegre hacia el bar Amador, parada este programada y no obligada como la anterior.

Con las paradas, gritos, aplausos y comentarios de rigor, más lo de la parada por la Guardia Civil de la que se demandaban más datos, se completó el recorrido, se izó el árbol y se colgó la corona. La fiesta siguió hasta el alborear del día.

Y aquí, al día siguiente, fue cuando volvió el follón

-¡Cago´en ros Luís!, que tenemos que ir al juzgao por lo de la denuncia del arbolón

– Ya se, creo que somos cinco los citados

-¡Cago´en la puta! Hay que avisar a to´el personal y presentarnos allí todos. A ver si hay cojones a detenernos o multarnos

-Y al alcalde, hay que avisar al alcalde.

De seguida comenzaron las idas y venidas y los avisos a unos y otros.

– A las doce en el Corral. Tos al Juzgao

Y así fue. Llegada la hora, un buen puñado de cangueses se habían concentrado a las puertas del Juzgado.

Y en esas llegó Manolo Miranda, el alcalde en aquel entonces. (1974-1978)

-No os preocupaos nadie. Ya hablo yo con el juez.

Esta actitud decidida del alcalde envalentonó al personal que, al sentirse arropado, calmó bastante en su

Miranda. La Maniega

actitud. Esta se soliviantó de nuevo cuando reconocieron al vecino de Corias que también llegaba

Miranda y otro tres o cuatro pasaron al despacho del juez junto con el de Corias y aquel les puso en antecedentes de la situación.

No quedó muy claro lo allí sucedido puesto que cada uno contaba una versión distinta de lo ocurrido y no muy detallada. El caso es que al parecer el juez y el alcalde chocaron por intentar dejar bien claro quién es el que mandaba y ello llevó a que subiese el tono de las intervenciones

-O modera su lenguaje y respeta mi autoridad o le sanciono, dijo el juez con seriedad a Miranda

-Aquí el alcalde soy yo y tengo que defender a esta gente como me de la gana. ¡No te jode!

-¡Cien pesetas de multa por desacato!, anunció el juez subiendo la voz

Miranda, genio y figura, miró a uno y otro lado, echó mano al bolsillo y sacando la cartera puso cien pesetas encima de la mesa. Seguidamente sacó otro billete y con arrogancia lo depositó también en la mesa

-Tenga, estas otras cien de adelanto pues voy a seguir igual.

Hubo risas entre unos y otros y dicen que hasta del secretario. El caso es que el juez debió de ver lo difícil de la situación y el hecho de estar metido en un asunto de tradiciones y orgullo de pueblo y tirando de oficio y aparcando el orgullo buscó una solución. Se dirigió al demandante:

-Vamos a ver. Ya ve usted lo que hay, Tenemos que buscar una solución y evita ir a juicio, no sería bueno para nadie.

Una voz se oyó tímidamente saliendo de entre los asistentes

-Podemos dejarle que aproveche la leña de árbol una vez que se quite

Esta simple frase puso una sonrisa en todos los rostros. El de Corias, que estaba tenso y preocupado, vio una salida honrosa a la situación.

-Bueno, eso ya es otra cosa, lo que yo no quería era perder too así por las buenas, lo mío es lo mío.

-Entonces ¿acepta usted esta solución?, preguntó el juez

-Sí hombre sí, Cangas es Cangas y hay llevarse bien. Ahora bajamos todos y echamos unos vinos. Usted también está invitado señor juez, ¡pelillos a la mar!, dijo Miranda ufano.

El juez quiso fulminarlo con la mirada, pero no dijo nada y dio por cerrado el acto.

El alcalde y los del Arbolón salieron eufóricos, tomaron los vinos, y todos y cada uno de ellos contaron lo ocurrido según su distinto e interesado ver y entender atribuyéndose cada cual en la mayor parte el que se hubiere reconocido que el árbol debe de ser robado y que Cangas yes Cangas.

Foto Puerto

 

 

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R. Mera

Un comentario en «CANGAS DEL NARCEA.- De cuando el Arbolón acabó en el Juzgado»

  1. Xbuena historia des de Argentina feliz cumple a Rafa Boto Sierra y que no robe un arbol on muy grande Jaja felicidades a todos

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