Salió el sol, se van los veraneantes

 

Salió el sol. ¡Y hasta calentó! Como corresponde a agosto en mi criterio, desaforadamente en el de los asturianos.

Levantó la niebla y el valle se vistió de luces. Es el segundo día de agosto que utilizo manga corta, aunque en mi paseo matinal hube de portar la chaquetillas del chándal.  Y por fin pude ver atardecer en la terraza, cara a la montaña y en una tumbona. Era ayer, viernes.

Hoy, el día ha despertado espléndido de luz. Son de esos pocos que en esta zona brinda el verano pero que valen por unos cuantos de fresco y nieblas. A las ocho y media he iniciado mi paseo ya en manga corta. El sol comenzaba a calentar y el silencio era el protagonista de la mañana al igual que lo ha venido siendo en las de nieblas y nublos. El osos sigue sin dar señales de vida.

Luce la pequeña aldea acostada en la ladera de la montaña que, día a día, va recuperando la monotonía que vivirá todo el invierno. Los veraneantes comienzan a marchase y, quizás por ello, el sol quiere compensarlos de la tristeza meteorológica de días pasado.

Avanza lenta la mañana. El camino, todos los caminos, lucen su soledad en la aldea olvidada; como tantas otras a lo largo y ancho de España. Tan solo unos días de mediados de agosto parecen revivir para caer de nuevo en la agonía del no hacer diario, del dejar hacer y el dejar pasar, como señalaba la norma filosófica de aquel movimiento que en su día hizo furor.

Quizá para poder entenderlo es por lo que estoy leyendo “La España vacía” de Sergio del Molino

.Comparte en tus redes sociales
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Pin on Pinterest
Pinterest
Share on Tumblr
Tumblr

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.