La foto y su pie.- Los pájaros

 

Venían hacia mí a cientos. Apenas habían asomado los primeros rayos de sol cuando salí a la terraza. Y allí me encontré de frente con el fantasma de Alfred Hitchcock. O quizás con sus pesadillas. Desde el agua, avanzando hacia tierra, cientos de gaviotas aleteaban ruidosas en el aire.

Por un momento reviví las pesadillas de la película. “Los pájaros” volvían. Estábamos totalmente solos. Los pájaros en el aire y yo en la terraza abierta y desprotegida.

Cuando parecía que se iban a estrellas todos contra el pequeño muro de contención y contra mí, giraron de repente, iniciaron un picado ascendente y volvieron raudas hacia el mar.

Volvió el silencio a la soledad del agua y la arena. Unos segundos y volvió a oírse tan solo el suave murmullo de las olas en la playa. Y las gaviotas, posadas en el suelo, conformaron de nuevo su estampa más tradicional.

Tan solo ellas y yo, el agua, la arena y el runrún de las olas

 

 

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