Las brujas de la Veiga’l Palo.

Reunión de brujas

Cuentan los cronicones que por estas fechas primaverales se celebraba anualmente una reunión de brujas alrededor del manantial de la Vega del Palo. Los estudiosos de estos acontecimientos brujeriles lo sitúan en torno a la noche del treinta de abril al uno de mayo.

La Vega del Palo es un paraje de la braña de Caboalles de Arriba. Un pequeño valle de una espectacular belleza natural que se esconde entre nieblas y olvidos. Tan solo pequeños retazos de otras épocas permanecen en la memoria de sus pocos habitantes.

Al noroeste de Caboalles de Arriba se abre un valle por cuyo fondo discurre el arroyo de Fleitina, que nace al pie del alto de Bustapiedra, en el límite con Asturias y ya el término de la parroquia asturiana de Monasterio de Hermo. En este valle se cruzaban y entrecruzaban los pastores de un lado y otro de la raya que, como es lógico, sobre el terreno, ni existe ni se considera

Y es precisamente en estas tierras donde se escucha este decir

A la Veiga’l Palo.

A la ofrenda’l diablo.

Por encima de cadavas,

y por debajo de artos”

Se hace aquí referencia a los especiales vuelos de las brujas sobre sus escobas que al parecer eran de muy baja altura, si nos atenemos a la que tienen las cadavas, arbustos de flores pequeñas de color amarillo. Similares son los artos, plantas bajas y con muchos pinchos.

Mas no solo era aquí donde las brujas volaban raseando el terreno ya que existen menciones a otros vuelos de brujas similares al otro extremo norte de la misma provincia de León, o cerca de Guardo, en Palencia

Señalan los cronicones antes señalados, y con referencia a esta peculiar reunión de brujas de la Vega del Palo, que acudían al encuentro en pelota picada, es decir, desnudas, “sin utilizar ningún elemento adicional para la volada, ni sobre escobas, ni a lomos de animales, ni montadas a horcajadas en demonios, como tantas veces se ve representado en dibujos y grabados”.

Más no solo volaban en escobas, sino en cualquier otro artilugio o mueble casero a los que arrastraban en algunas ocasiones o mozos o mozos que no eran de su agrado y a los que sometían a mil perrerías.

Monasterio de Hermo

Cuenta la leyenda de este paraje, que las gentes de uno y otro lado de los límites provinciales sentían gran temor a pasar cerca de la citada fuente, en especial por la noche, pues estaban convencidos de poder ser mordidos por las brujas. Y si alguno presentaba cualquier herida o rasguño, era tal la sugestión, que lo atribuían directamente a las mordeduras y no a posibles arañazos de las plantas del lugar.

Es por otra parte significativo que estas celebraciones y concentraciones vengan a celebrarse en estas fechas del inicio de la primavera, ya que en ello se viene a coincidir con otras celebraciones de las antiguas culturas eslavas y germánicas  en las que en las mismas noches  se sigue celebrando aún la denominada “Noche de las brujas”.

Tan bien nos aparecen noches de brujas en diversos lugares del territorio español en torno al solsticio de verano, el 24 de junio noche de San Juan, y también de hogueras rituales para ahuyentarlas. Y no hay que olvidar la también extendida celebración de la noche de todos los Santos, el de ahora tan de moda Halloween, a primeros de noviembre.

Y hay obras al respecto, por un lado el cuento de Julio Álvarez Rubio, titulado “Las brujas de la Veiga’l Palu”, que recrea la leyenda de estos aquelarres y por otro el artículo de Mario Gómez Marcos “La fuente de las brujas” publicado en un intento de reedición de la revista La Maniega en 1976, en el número 0

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