Beatus ille, pero menos; al campo si pero…

La glosa de las virtudes del campo y de lo idílico y relajante de vivir en los pueblos es ya de largo antigua. No es como muchos creen producto del crecimiento de las ciudades y la vorágine de vida a la que ha llevado, en el pasado siglo y lo que llevamos de éste, a los que en las mismas trabajan. Esa ha sido la teoría, pero la realidad es que las ciudades siguieron y siguen creciendo y los pueblos despoblándose.

Y fíjense si ya viene de antiguo que Horacio, allá 65 años antes de Cristo, en su “Beatus ille” decía:

“Dichoso aquel que, alejado de los negocios, como la antigua raza de los mortales, ara los campos de su padre con sus propios bueyes”. Pero lo decía desde Roma.

La temática del Beatus ille es una de las cuatro aspiraciones del hombre del Renacimiento que son: el beatus ille, (dichos aquel que vive en el campo) el carpe diem (disfruta el momento), el locus amoenus (lugar idílico, idealización de la realidad) y el tempus fugit (el tiempo que corre y la consciencia de ello). Y los tres siguen perfectamente vigentes en el hombre actual que vive en las medianas y grandes ciudades. Y remarco de nuevo que los defensores de la vida en el campo lo hacen desde las ciudades en la teoría de lo que debe hacerse, o deben de hacer los otros, pero que tan solo en muy contadas excepciones realizan y de ellos, de los pocos que lo hacen, otros tantos, vuelven atrás.

Unos siglos después, en el XVI, Fray Luis de León, comentarista y exégeta de Horacio, al salir de la cárcel en la que estuvo injustamente encerrado dice: 

Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,

y con pobre mesa y casa
en el campo deleitoso
con sólo Dios se compasa
y a solas su vida pasa
ni envidiado ni envidioso

Pero él sigue en la Universidad de Salamanca hasta su muerte

Y vienen a cuento estas disquisiciones teóricas vistas las dificultades con que se encuentra la empresa minera que opera en Ibias para encontrar obreros con los que completar las necesidades de su plantilla. La oferta de vivir en la aldea, en el campo, rodeados de naturaleza e incluso con los osos como vecinos de la calle de al lado, tal ocurre en El Bao, es suficiente para convencerlos. Ni tan siquiera las especiales dificultades de encontrar trabajo y las negativas perspectivas económicas que llegan bastan para convencer a nadie; incluso añadiendo trabajo para su mujer o compañera y colegio para sus hijos, se está logrando.

El hecho de que tengan que censarse en Ibias es lo que, al menos así parece, hecha atrás a los interesados. Aquí ni Horacio ni Fray Luis convencen a nadie.

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