¿Quién puso puertas al campo?

Madre, dime, ¿quién puso puertas al campo?, 

¿quién le puso cerrojo a los caminos?, 

¿quién le puso a la alondra tan triste canto,

y cantales de acero al peregrino?.

Así reza la letra de una bella jota extremeña que aboga por los campos abiertos y las libertades, por un lado; y señala, por otro, la imposibilidad de poder cerrar de una u otra manera aquello que es imposibles cerrar. Y ello me vino a la memoria cuando en mi matutino caminar me fijé en una puerta, o lo que fue una puerta, conformada por maderos añosos, semipodridos y en inestable equilibrio, junto a la que había pasado cientos de veces , había mirado otras tantas y no había visto ninguna.

Y al igual que en los campos, tal ocurre con el empeño de algunos en poner puertas al libre pensamiento y a su expresión, con la puerta y los cerrojos que se esconden tras las  expresiones de  “lo políticamente correcto” o el “herir sensibilidades”, que son como las vigas leñosas que cierran los espacios geográficos trasladadas a los espacios mentales. Y al igual que  ocurre en lo físico cuando aquellas se pudren y caen ante la dureza y el correr del tiempo, ocurre con las mentales y espirituales con el despertar de las mentes y el decaimiento de la mentiras y falsas argumentaciones, aunque todo ello se intente disimular y ocultar bajo otra expresión. Las denominadas “fake newus” que no son sino mentiras que  el hablante intenta camuflar recurriendo a la expresión inglesa.

Las otras puertas, la reales que el hombre puso en los campos facilitando acceso a propiedades; si en un principio sirvieron para impedir la huida de los animales que se encerraban en delimitados perímetros, ahora solo han quedado como vetustos testigos de unos tiempos idos. Si antaño sirvieron más para impedir el salir que el entrar, hogaño han perdido toda su función y se caen a pedazos en la inutilidad y el olvido. Ni siquiera aquellas que aún aportan belleza al todo del entorno en que fueron ideadass se salvan. Ítem más, creo que son las que más rápidamente desaparecen, mientras permanecen las conformadas con viejos somieres y chatarras varias que rompen los campos como bofetada en la blanca piel de la cara de una dama.

Y así ocurrirá también con las puertas que algunos se empeñan en poner al entrar del conocimiento en las mentes o al impetuoso salir de las ideas y las opciones de vida de unos y otros. Caerán demolidas por la libertades en su gran mayoría, aunque aquellas que las dictaduras del pensamiento único, esas con las que nos sabotean intentando disimular unas u otras intenciones con verborrea diarreicas y con adornados envoltorios de llamativos colorines definidos en el llamado “progresismo”;  esas quizás permanecerán  más tiempo bajo el oprobio de la bofetada recibida y el descomponerse en lo físico y espiritual la materia y las falsas doctrinas que los talibanes de lo  políticamente correcto intentan mantener en su beneficio y provecho.

Y es que hasta las dictaduras que se aculan bajo la palabrería, el mal definido modernismo o los progresismos con sus múltiples adjetivos terminan mostrando su cara oculta y es entonces cuando el hombre ejerce sus libertades y es la humanidad libre la que abofetea inmisericorde a sus propulsores. Y así lo ha venido demostrando la Historia aun cuando se hayan ocultado una y otra vez los hechos habidos aquí o allá. El hecho de ocultarlo o el pretender hacer ver que si no se conocen y se borran del diario acontecer los nombre de quienes los protagonizaron, sea en la dirección que sea, o ejercitaran las filosofías políticas que ejercitaran, aquellos hechos no existieron eso es una gran falacia que el discurrir del tiempo ha desvelado siempre. Y es éste, el tiempo el que pone las cosas en su sitio.

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