BERZOCANA.-La soledad de la Plaza

Mesas en la Plaza

Y al igual que ocurre en los campos cercanos, la Plaza de Berzocana repite su ciclo anual con la misma cadencia con que la luna cambia de fase o se suceden las estaciones en el calendario.

Pasados los agobios veraniegos con su turno para ocupar mesa, ahora éstas se encuentran solas y vacías a la espera de algún vecino o veraneante despistado que las ocupe.

Y es amplia la plaza, y extensa. Quizá por ello sea aún mayor la sensación de soledad. Durante agosto, ni siquiera la ausencia de vehículos en el semicírculo que determinan las escalinatas trasmite sensación alguna de vacío. Pasado el mes, incluso con ese espacio ocupado, aumenta la sensación de soledad. Se agranda la sombra de los álamos y aumenta y aumenta el trinar de los pájaros a medida que el sol busca el marcharse más allá de las encinas.

Las últimas risas de los oriundos quedaron colgadas de los brazos de las sillas en el agonizar de agosto. Y el último día, casi a golpe silbato, llegó la desbandada y la Plaza comenzó a vestirse de otoño aun cuando el sol se deje notar con fuerza.

Ha sido un verano distinto, raro, pero la Plaza ha mantenido su pulso especialmente en las noches, acortadas ahora por decreto, que no por ganas de los berzocaniegos trasnochadores confesos y ejercientes.

El otoño se asoma aún un tanto avergonzado Villuercas abajo y en la Plaza se apilan las sillas y se retiran las últimas mesas, avergonzadas, hacia las puertas de los bares. Éstas al menos aún aguantarán al menos hasta que pase San Cosmen.

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