NARCEA.-La muerte de las águilas

Estaban allí, muertas, olvidadas junto al poste eléctrico que probablemente habías sido su posadero.

Domingo de Ofrendas en el Acebo. El día estaba espléndido de sol y, tras el preceptivo pote de mediodía, emprendimos el paseo carreta adelante camino del cruce de Linares desde donde poder contemplar relajadamente en sus bancos los pueblos y montes de Sierra.

A medio camino, un cangués que también paseaba me señala

-Pregunta a ese hombre que viene ahí, que te diga dónde están las águilas muertas.

No hizo falta, el hombre lo había oído y procedió a señalarme:

-Tira la izquierda, en el camino de tierra, y nada más empezar las tienes junto al poste eléctrico, en el prao.

No tardé en encontrarlas. Tres águilas se encontraban muertas en el suelo. Dos de ellas ya en avanzado estado de descomposición, otra relativamente reciente.

El paisano me explicó que en principio había cuatro, pero una, quizás la que llevaba más tiempo, debían de habérsela comido o algo pasó al cadáver, Ahora tan solo había tres.

Ninguno de los dos con lo que hablé se atrevió a darme causa alguna de su muerte aunque ambos se inclinaban por el veneno. Argumentaban que, dada la plaga de ratas-topo que invade toda esa zona, alguien pudo haber puesto veneno contra ellas y éste llegó a las águilas, que cayeron muertas desde su posadero eléctrico

-Es muy difícil que todas se electrocutasen, apreciaban dubitativos.

Unos y otros continuamos nuestro paseo preocupados

-¿Qué habría pasado a las águilas?

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