San Cosme, San Cosmino, San Miguel y San Miguelino

Nueve de la mañana. Hoy he racaneado entre las sábanas. La lluvia golpeaba a ráfagas contra los cristales del amplio ventanal cuya persiana había permanecido (como siempre) subida toda la noche

Me levanto y asomo a la terraza. Las sillas veraniegas, recostadas sobre la mesa, aún aguardan esperanzadas poder desplegarse en algún día de sol.  Allá, al fondo, sobre un Oviedo aún con luces naturales y artificiales mezclándose, el sol pretende abrirse paso entre unas nubes negras y amenazantes. Tan solo lo lograría en muy cortos espacios de tiempo. Con ello tampoco remontan los termómetros. El otoño se ha enseñoreado de Asturias a las primeras de cambio.

Mas de pronto me veo en la mañana de un día espléndido de sol, en Berzocana, subido al poyo que hay a la puerta de tío Gregorio Tostao, y dispuesto a saltar al aparejo del burro que ya cabalga mi amigo Juan Luis Marchena.

A nuestro alrededor un montón de mozalbetes (¿habré de decir también mozalbetas?) van y vienen, gritan, se saludan, sujetan algún burro que otro del cabestro (ronzal) y guardan bocadillos en bolsas y fardelas.

¡San Cosme!. Eso es. Es que hoy es San Cosme. Bueno habré de decir era, porque según el calendario y los ritos eclesiásticos esta festividad fue ayer, día 26. Quizá por ello dudo de mi memoria y compruebo:

-Vamos a ver, me digo: Refiriéndonos a las fiestas de Solana, nosotros recitábamos aquellos de “San Cosme, San Cosmino, San Miguel y San Miguelino”. Fijando San Miguel en el 29 (que así era y así permanece), San Cosme tenía que ser necesariamente, hoy día 27; mañana 28 San Cosmino y el 29 San Miguel. Puede que la Iglesia hay cambiado la festividad sin que yo me haya enterado.

Sea lo que fuere desaparecen las nubes y me veo caballero en rucio campesino, agarrado a Marchena y enfilando por la fuente de las Carretas arriba el camino a Solana con el sol calentando, gran algarabía de unos y otros y casi convencidos de que íbamos a la conquista de nuevos territorios mas que a poco menos de seis quilómetros.

Y la idas a San Cosme seguían mezclándose en los tiempos de adelante atrás y de atrás adelante sin orden alguno. Y desde los recuerdos de estar asomado a la puerta del salón de baile viendo las acrobacias de Pizarrín, el músico, subiendo y bajando al alto escenario sin dejar por ello de soplar y soplar el saxofón, a la solemnidad de la comida en casa de Don José el cura, en compañía de mi padre ( sacristan de Berzocana) y Juan, (sacristán de Solana), de su hermana Vicenta y de “la señora Juana”, ama de llaves en mi información de entonces y algo más según supe  posteriormente aunque ya en aquellos años su papel en la casa era de dominio público en toda la comarca sin que por ello hubiese escándalo alguno y la autoridad competente interviniese ni hubiese intervenido nunca en la situación. Quizás porque entonces ( a Dios gracias) no había Telecinco.

No cerraré este artículo recordatorio del día sin señalar que como era y sigue siendo tradición, en esta festividad tanto los vecinos de Solana como aquellos que lo celebran en el exilio laboral, siguen guardando abstinencia (no comer carne ni caldo de carne) durante todo el día, por lo que el menú se compone de un solemnísimo potaje de garbanzos con bacalao y unas grandiosas tortillas, lo que llevaba a muchos a proclamar en ese día aquello de ¡Viva la abstinencia!.

Esta tradición venía dada por la promesa efectuada allá en el origen del pueblo cuando una epidemia estuvo a punto de terminar con el mismo. Los vecinos se ofrecieron a San Cosme y prometieron realizar abstinencia el día de su festividad. Aquel cumplió y ellos siguen cumpliendo.

Feliz día para todos: solaniegos y berzocaniegos que hasta allí se lleguen.

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