Nos quedamos sin cunqueiros y sin su jerga

Victorio en su taller

Hace ya muchos años, cuando este que les habla brujuleaba por un Madrid en aquel entonces lleno de oportunidades laborales para cualquier joven activo, descubrió un bar en la Calle Gaztambide a la que solía acudir por mor de una moza que, fíjense lo que son las cosas ahora es mi mujer. El caso es que en el citado bar, a cuyo cargo estaban dos jóvenes, paisanos cacereños, cada vez que s enfadaban lo hacían en un habla extraña que no nos sonaba absolutamente nasa cuantos por allí brujuleábamos.

Con el tiempo y la confianza me contaron que era una manera de hablar típica de su pueblo, Eljas, sobre las faldas de la Sierra de Gata, en la raya entre Cáceres y Portugal, que utilizaban habitualmente los de la comarca, especialmente los contrabandista de café y tabaco, que lo eran casi todos los vecinos en aquellos años de penuria, y entre ellos el padre de los dos citados. Como habrá intuido el escuchante, era la manera de evitar cualquier indiscreción ante los oídos de la Guardia Civil o sus soplones: utilizar un habla que solo ellos conociesen. Años después acudiría al pueblo para escuchar sobre el terreno la citada y especial habla.

Viene ello a cuento por la reciente muerte de Victorino García, en Degaña, uno de los grandes divulgadores de la lengua y la cultura cunqueira, que me llevó a establecer la relación. Una, lengua, el tixileiro, surgida también especialmente, al igual que la antes de la necesidad de mantener el secreto de precios, negociaciones y formas de trabajo del gremio de los cunqueiros que utilizó el tixileiro o tixileiru de uno a otro mercado, de una a otra feria, y que, según explica el filólogo Ramón de Andrés, está a punto de desaparecer, como el bron de los caldereros de Miranda, la xíriga de los tejero de Llanes o el mansolea de los zapateros de Pimiango.

Era utilizado por los habitantes de los pueblos de El Bao y Sisterna, ambos pertenecientes al concejo de San Antolín de Ibias, y El Corralín y Tablado, pertenecientes al concejo de Degaña; y proviene de “tixelas”, nombre que daban a los recipientes de madera que fabricaban y que ellos preferían a “concas” (cuencos)

El uso del tixileiro, que pudo iniciarse allá hacia el siglo XVI, comienza decaer hacia a los sesenta con el auge de la minería, la desaparición del oficio de cunqueiro y la divulgación del significado de sus palabras; incluso con la aparición de algún pequeño diccionario, causas que lo hace perder su condición de “secreto” y por ende su fuerza. Todo ello lleva a estas lenguas “secretas” asturiana hasta casi su total desaparición.

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El tixileiro, como otras de estas lenguas, se forma por acumulación de términos llegados de unos y otros lugares con base en malformaciones del castellano y del asturiano. Así, dice De Andrés, se encuentran términos, vascos, portugueses o catalanes.  El vocabulario del tixileiro, originario de Ibias, se complica aún más por cuanto encuentra una variante en el concejo de Degaña, llamada manconeiru, aunque este fue más utilizado por los cesteiros del Rebollar

Victorino García ha sido el último cunqueiro, un trabajo que data de le ápoca medieval y que ahora entra en riesgo de desaparecer para siempre junto a su particular jerga.

Como curiosidad le cuento que en tixileiro, dormir se dice asicar; el lobo es el cabrasrubias; el dinero se llama cherfus; un Guardia Civil es un canalechu; el fuego es rufu; vender es canear; y perro es cadiedu.

Sirva esta estampa de hoy como sencillo homenaje a Victorino García, de Degaña, el último cunqueiro

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