La autovía del Suroccidente, un proyecto en constante reivindicación

Manuel C. se hace eco en el Diario de León del interés que sigue mostrando el Gobierno Asturiano en la construcción de la Vía del Suroccidente que comunique Asturias con León por Cangas del Narcea y Ponferrada

Fin de la autovía en Toreno.- Diario de León

Aunque su ejecución no figura en ningún presupuesto, sí aparece en los documentos que elaboran las administraciones a medio y largo plazo. El Principado de Asturias defiende en su Plan Director de Infraestructuras para la Movilidad hasta el año 2030, revisado y actualizado el pasado 1 de julio, el proyecto de la citada autovía por una doble razón. En clave asturiana, porque no renuncia a incorporar la zona de Cangas de Narcea a la red de vías de alta capacidad del Principado y, en clave nacional, por la necesidad de Asturias de abrir una segunda comunicación de alta capacidad con el centro de la península y Portugal por una autovía que no sea de peaje. Ahora su único acceso a la Meseta es la autopista A-66, desde Campomanes a León.

La Espina-Ponferrada, que ni siquiera ha dado los primeros pasos administrativos, tendría un coste de casi 535 millones de euros en la parte asturiana, según el estudio del gobierno que preside el socialista Adrián Bardón. De La Espina a Cangas de Narcea costaría 390.887.515,08 para construir 41,7 kilómetros de doble calzada y 143.695.409,99 desde Cangas al límite con la provincia de León, en Laciana, otros 42,6 kilómetros.

La actual planificación de carreteras del ahora renombrado Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, plasmada en el Pitvi —la versión nacional del documento asturiano, y cuya vigencia finaliza en 2024—, solamente contempla como actuación del Estado la terminación del eje Oviedo–La Espina (autovía A-63), y su prolongación hasta Canero, para su conexión con la Autovía del Cantábrico, aunque esta última obra aún no tiene financiación. Es más, el Ministerio ya ha dicho que no contempla La Espina-Ponferrada, que sólo se podría afrontar con fondos propios de ambas comunidades autónomas o de Europa. La Junta de Castilla y León, si acaso, se plantea mejorar el trazado actual de carretera desde Toreno pero no una autovía como tal por su alto coste y por los problemas medioambientales de su construcción.

Pese a todos estos inconvenientes, Asturias no renuncia a la autovía de La Espina-Cangas de Narcea-Ponferrada porque constituiría el primer tramo de la denominada Vía de Alta Capacidad del Suroccidente, una infraestructura que tiene como objetivo a largo plazo «vertebrar» una amplia zona de la región y que continuaría hacia la provincia de León por la zona del Rañadoiro. La construcción de esta infraestructura crearía un nuevo eje norte-sur en Asturias y permitirá conectar la zona suroccidental (especialmente los núcleos de Tineo, Cangas de Narcea y Degaña) con la red de autovías estatales —A-63 en La Espina y A-6 en Ponferrada, si siguiera hacia el Bierzo—, dice el documento asturiano.

Rañadoiro

En la actualidad, el itinerario entre La Espina y Cangas de Narcea se realiza a través de las carreteras autonómicas y las intensidades de tráfico van desde los 4.252 vehículos en el tramo La Espina-Tineo hasta los 5.402 en el tramo Tineo–Cangas de Narcea. Ambos tramos, definidos ya con sección de autovía por el gobierno asturiano, disponen de un Estudio Informativo aprobado por el Ejecutivo asturiano.

El Plan Director de Infraestructuras para la Movilidad de Asturias se aprobó en 2017 y de forma periódica es actualizado, según consta en la web oficial del Principado. «La actuación propuesta reduciría la accidentalidad, incidiría en la cohesión territorial y generaría beneficios sociales», resume el documento, que no hace un cálculo del tráfico de vehículos que elegiría esta autovía hacia el Bierzo si se hiciera la A-63 completa.

El Principado mantiene como necesaria esa conexión La Espina-Ponferrada porque el actual mapa de carreteras “resta competitividad al transporte entre Asturias y la Meseta”. Parte de la existencia de estos déficits surge de la concepción radial histórica de la red, que “ha puesto en un lugar secundario la terminación de las conexiones transversales», critica el documento.

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