Aguerridos romanos en el Molín

Tal parecen recién salidos de una revista militar efectuado por el cónsul romano en las Asturias. El enviado del César llega al Prao del Molín debidamente escoltado por tres aguerrido romanos ataviados con pleno uniforme de gala.

Sonriente el emisario encargado de trasmitir tranquilidad al pueblo. Serios y circunspectos los escoltas apuntando que no consentirán ningún desmán. Han sacado brillo a sus uniformes y escudos y los muestran orgullosos. Y así, conscientes de su importancia y la trascendencia del momento, dan seguridad al pregonero de Roma mientras éste lee el decreto de empadronamiento dictado por el César y que han de cumplir todos los habitantes del Imperio, Cangas incluida.

Yo, César, emperador de Roma y de todas sus tierras y gentes. Ordeno:…

Y así año tras año se vino repitiendo la orden en el Prao del Molín mientras los soldados iban relevándose en su tareas, unos se licenciaban y otros llegaban a cubrir sus puestos.

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