Los dos conejos, la pandemia y los políticos

Los dos conejos, la pandemia y los políticos
Por entre unas matas, 
seguido de perros 
-no diré corría- 
volaba un conejo.

Seguro que la gran mayoría de ustedes mantiene entre sus recuerdos escolares el inicio de esta fábula de Tomás de Iriarte que, no sé porque extrañas circunstancias, me ha venido a la mente leyendo el caos originado por unos y otros, responsables y paniaguados, en torno a las decisiones a tomar con respecto a cierres, limitaciones, perímetros, vacunas y otras tantas decisiones o ausencias con respecto a la pandemia.

De su madriguera
salió un compañero, 
y le dijo: «Tente, 
amigo, ¿qué es esto?»
« ¿Qué ha de ser? -responde-; 
sin aliento llego...
Dos pícaros galgos 
me vienen siguiendo».

Y tal cual lo veo: Del bicho corriendo llegan compañeros/ y vienen diciendo/ponme la vacuna yo llegué primero/

«Sí -replica el otro-, 
por allí los veo... 
Pero no son galgos».
«¿Pues qué son?» «Podencos».
« ¿Qué? ¿Podencos dices? 
Sí, como mi abuelo. 
Galgos y muy galgos; 
bien vistos los tengo».

Y tal cual sucede en estos momentos/ decimos nos siguen/ las Comunidades o el propio Gobierno/. Y así discutimos: /van los otros antes;/ los guapos primeros;/ no quiero ni hablar de eso,/ quienes van delante son los del Gobierno/

«Son podencos, vaya, 
que no entiendes de eso». 
«Son galgos, te digo». 
«Digo que podencos».

Y sigue la guerra si son o si vienen, si son de los otros o son de los de los nuestros. Y unos dicen so, aquí rige esto; y arre dicen los otros rompiendo el acuerdo. ¡Qué decida Juan! ¡Pero qué dices, ha de decidir Pedro! ¡Qué digo que Juan!, ¡Que digo que Pedro!

En esta disputa
llegando los perros, 
pillan descuidados 
a mis dos conejos.

Tal cual en España nos está ocurriendo. ¡Que decidan los galgos! ¡Que no!, ¡que los podencos! ¡Que los del gobierno!, dicen los peperos. Que no, que la autonomías primero, dicen los de Pedro. ¡Primero los vascos! ¡Los catalanes primero! Qué con esta vacuna. Que con esa no quiero. Que primero los niños, que no que tan solo abuelos. Que salir a las ocho, que cerrar deben todos. Que en Madrid a la doce, pues aquí hasta la una, no seremos menos. Que cierren los pueblos, que no que la Ley va primero. Y llegan los jueces y distribuyen su juego: aquí cierra este, allí ni uno quiero; que en Cuenca a las cinco, que en Lugo a las cero. Y se arremangan las togas y aquí y allí quitan o reparten fueros. Y aquel se lava las manos, y el otro predica que son todos buenos. Y votadme dice Juan, que no, votadme a mi grita Pedro. ¡Y yo os daré libertad!, ¡y yo subvenciones! ¡Y yo puestos de trabajo!; ¡pues yo a casa os llevaré el sueldo!

Y en estas disputas están todos ellos, y en llegando el bicho a todos los pilla en fuera de juego. Contagiados todos aumentan los muertos. Y nos echan podencos a galgos; galgos a podencos

Y si Iriarte dijo:

Los que por cuestiones 
de poco momento
dejan lo que importa,
llévense este ejemplo

Yo aquí lo suscribo y a ustedes les dejo decidan culpables a galgos o podencos; o ambos en conjunto por necios, babayos y peliculeros.

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R. Mera

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