NARCEA.-Despacio, sibilino como lobo que baja al valle, llegó el invierno y…

NARCEA.-Despacio, sibilino como lobo que baja al valle, llegó el invierno y…

Despacio, sibilino como lobo que baja al valle, llegó el invierno y… pensé hacerme político

Los arboles mostraban su ramas añejas, desnudas, desprovistas de vestigio alguno de vida. El agua del Luiña se deslizaba lenta sobre otras aguas inferiores más rápidas. Aquí y allá se apreciaban pequeñas olillas de espuma. También surgían éstas al golpear el agua contra los viejos troncos que flanqueaban las márgenes.

Llovía. El invierno se había llegado a la orilla del río a hurtadillas deslizándose suavemente  ladera abajo de los montes. Lento, sibilino, como lobo bajando al valle en busca de presas. Parecía que este año no iba a llegar, que el sol y las temperaturas iban a seguir otoñales o, incluso, primaverales. Alguna que otra racha de viento zarandeaba el paraguas de Gil que caminaba despacio, ido, ajeno por completo a lo que a su alrededor sucedía. Languidecía la tarde y las primeras sombras comenzaban a cercar la Himera.

Despacio, sibilino como lobo que baja al valle, llegó el invierno y… pensé hacerme político

Rumiaba ideas y proyectos que se entremezclaban, se iban y se venían en su mente sin concretarse en nada. Tan pronto se sentía eufórico como se hundía en una profunda  melancolía que le llevaba a renegar de la época que le había tocado vivir. Sus padres, sus tíos, casi todos los de su pueblo no habían tenido problema alguno para encontrar trabajo. Unos  se iban a la mina, otros se quedaban de ganaderos y  todo arreglado. Pero él ¿Qué hacia él? Minas ya no había y vacas prácticamente tampoco. O tenías tierras suficientes para mantener una ganadería grande, con no menos de cincuenta reses o no tenías nada que hacer. No era su caso. Y encontrar trabajo en Cangas o en la comarca era una ilusoria utopía.

Un golpe de aire estuvo a punto de volverle el paraguas. Soltó un par de improperios. ¡Hasta el tiempo se ponía en su contra!, se dijo.

Gil había quedado colgado el bachiller  y no quería estudiar más

Gil había quedado colgado el bachiller  y no quería estudiar más. Sabía que esto limitaba sus salidas laborales, pero era superior a sus fuerzas. Era hábil con las herramientas, y mañoso, y a ello confiaba su futuro. Debería de estudiar alguna FP, pero Cangas no le ofrecía muchas posibilidades.

Se sorprendió diciéndose en  alto

-¡Como no me meta a político no me queda otra!

Esbozó una amplia sonrisa y se acordó de su abuelo que era el que una y otra vez le proponía esta salida

-Hazte político neno. Empieza de concejal y ya irás subiendo. Siempre sí al jefe y a todo el que te pida algo, aunque luego no lo hagas. Y el partido siempre tien razón, aunque hagan las mayores barbaridades, siempre sí al partido y al jefe. Para ser político no hay que estudiar mucho. ¿quiés que te ponga ejemplos?

¡El abuelo tenía cada cosa! Pero el caso es que muchas veces acertaba.

Lo consultaría esta noche con la almohada. Cerró el paraguas y a paso más ligero volvió hacia Cangas. ¡Mira que si acertaba el abuelo!

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R. Mera