CANGAS DEL NARCEA.- Homenaje al exalcalde José Luis Somano y una anécdota

Sonó el móvil. Mera, soy Fontaniella, vamos a celebrar una espicha y quería pedirte…

Me puse en guardia. ¡Ufff!, Fontaniella… elecciones…, campaña…. Carraspeé prevenido

-Es que viene Somoano y quería que hablases algo de él, de su época como alcalde… me llega la voz desde el otro lado

No lo dudé un momento. Si es eso cuenta conmigo, contesté. Y aquí estoy

José Luis Somoano Sánchez llegó a Cangas del Narcea en 1970 ocupando el cargo de director de la sucursal de la Caja Rural de Asturias. Dos años después llegué yo y fue cuando le conocí. Vivíamos ambos en la calle Pelayo, en su entronque con el Paseo, en un edificio sin ascensor. Al decir de otro vecino, Arturo, vigilante de García Munté que tenía turno de noche, Somoano y yo  también debíamos de tenerlo pues llegábamos cuando él o aún más tarde, dependiendo del día. Pecadillos de juventud que ahora, “cuando la nieves del tiempo han peinado nuestra sien”, que dice el tango, seguro unos y otros, los de casa y los de fuera, ya nos han perdonado.

Situémonos en Marzo de  1979. Fernando Rodríguez Verano (Tito el de Las Mestas) ostentaba la alcaldía desde el día 2 de marzo del año anterior, 1978, en la que permaneció hasta 19 de abril de 1979, un año.

Y así llegamos a la llamada “Época de la Transición”. Y por allí andábamos ambos. Y en mi condición de corresponsal de La Voz de Asturias, única corresponsalía existente en la comarca en aquellos entonces, vuelvo a verme acudiendo “cuasi clandestinamente” a las reuniones de los anocheceres sabatinos en el lagar de San Eulalia donde se gestaba el nacimiento  del movimiento cooperativo y sindical que después cristalizaría en la Cooperativa de Santa Eulalia  y en UCA y que llevaría a algunos de aquellos pequeños ganaderos a formar parte de la primera corporación democrática del concejo de Cangas del Narcea. Y allí estaba también José Luis Somoano

El nacimiento de UCA en el concejo

En un reciente trabajo publicado por el historiador Adrian Rodríguez Álvarez, de Santa Eulalia, cuenta éste como Agustín Marcos, labrador y minero, de casa Xipón, de Santulaya, tras interiorizar  como la unión y el corporativismo de los mineros creaba una serie de lazos de intensa fraternidad que les llevaba a obtener derechos cada vez más amplios y, a través de sus reivindicaciones y unión sindical, su trabajo  era reconocido y valorado, comenzó a sembrar una positiva inquietud entre sus paisanos

 Y en estos momentos, en 1.975, “es clave” la aparición de dos personas: el cura Javier Vilumbrales que llega como párroco a San Julián, Cibea, Genestoso y Leitariegos y reside en Bimeda y José Luis Somoano. El cura había tenido contactos con el cooperativismo en Trevías. Pese al individualismo campesino, percibe las intenciones de unión y se une a ellas. Vilumbrales contacta con Francisco Cadenas, otro inquieto campesino, y comienzan a contactar también con paisanos de otras parroquias y valles. Y así llegan a figuras como José Rodríguez,  el citado Agustín Marcos, Agustín Fernández y otros tantos. El movimiento ya había arraigado en Tineo, Valdés, Salas… en los que Vilumbrales tenía  contactos con el clero también implicado en esos movimientos a través de la revista “Noticias del Occidente” donde la palabra de la iglesia y el sindicalismo se aunaban en un mensaje de unión y lucha agraria.

Contactan también con José Luis Somoano que les apoya decididamente tanto a nivel individual, volcándose en la acción del proyecto, como a nivel profesional, con la concesión de los créditos necesarios para el inicio de la cooperativa y viajando con ellos a Castilla o al puerto de Gijón a por piensos, hierba a o gasoil, avalando los pagos con su presencia.

Somoano en 1.981
La llegada a la alcaldía

 Cuando aquel grupo decide que es el momento de ocupar también las instituciones civiles como el ayuntamiento (ya lo habían conseguido en Tineo) recurren a Somoano para encabezar la lista electoral, bajo las siglas UCI (Unión de Campesinos Independientes) Ninguno de ellos, tenían experiencia política alguna”. Y así, en 1.979, Somoano lidera la lista de la Unión de Campesinos que, por unas y otras causas, termina obteniendo la alcaldía con Agustín Fernández de teniente de alcalde.

En apenas año y medio, de la mano de la Cooperativa Agraria, la comarca había dado un salto brutal hacia adelante

¿Recordamos José Luis? Allí, en aquella corporación, estaban contigo, amén del citado Agustín, Francisco Cadenas, José Manuel Barrera y el cura, Javier Vilumbrales que dimitiría antes de concluir la legislatura. Legislatura que se inició movida repitiéndose elecciones en una serie de mesas que dejan fuera a Josefa Elaso y María Estala Avello, incorporándose Vicente García y Grato, el de Besullo.

Tormentoso aquellos tiempos  cuyos avatares y complicaciones a todos los niveles provocan un aluvión de dimisiones. Y así, a lo largo de la legislatura lo hacen él ya citado Vilumbrales, José María González Azcárate, el médico Ramón Manteiga, Ángel Álvarez `Dupont´, Antonio Álvarez y Guillermo Álvarez que son  todos sustituidos.

 Y por allí, en la oposición, andaban también Rodríguez Verano, Rodríguez de Llano, (Pachín), Gallego Vales, Antonio Murias, Manuel Rodríguez Blanco, o Francisco Prieto.

Cuatro duros años después y allá por estas mismas fechas primaverales de hace 40 años, José Luis Somoano dejaba la alcaldía canguesa que había regentado durante esos citados años.

Pero yo, para terminar, quiero arrancarles a ustedes una sonrisa y quiero que ésta sea más amplia aún en Somoano  y en su nieto el candidato Álvaro  Queipo

Les agrego un relato que aparece en el que será mi próximo libro “Remembranzas canguesas”

La puerta del ayuntamiento y el coche del alcalde

Pwero antes una previa: “ La noche de los cuchilllos largos

“Debía de ser hacia 1.981. Las primeras elecciones municipales habían tenido lugar en el 79, y José Luis Somoano Sánchez era el alcalde de Cangas del Narcea. El primer alcalde democrático.

Accedió al cargo con tan solo cuatro concejales y ello hizo que su mandato no fuera nada fácil. Su elección fue de lo más rocambolesca; hasta el punto de que a lo largo de la noche anterior al pleno constitutivo, existió la posibilidad de que hasta tres candidatos distintos, de los diversos partidos con concejales, pudieron acceder a la alcaldía, rotando esta posibilidad según el momento y hacia el lugar al que se inclinaban las negociaciones de unos y otros. Pese a estar celebrándose en ese mismo día  elecciones de alcaldes en todos los municipios asturianos, en Cangas se encontraban los directores de El Comercio, La Voz  de Asturias y La Nueva España, hasta tal punto era la expectación levantada y la repercusión que esta decisión electoral  estaba teniendo en toda Asturias. Tanto es así que  Luis José Ávila, entonces jefe de redacción de La Voz de  Asturias, tituló la crónica del día siguiente como “La noche de los cuchillos largos”.

Era Somoano un peculiar personaje ajeno a la política en toda su trayectoria. Director de la sucursal de la Caja Rural con un pálpito de ganadero. Tenía algunos terrenos arrendados y algunas reses por el Rañadoiro y era un hábil tratante con muchas relaciones en todo el concejo. Ello le llevó a la Unión de Campesino Asturianos (UCA), que entonces se iniciaba en el concejo desde Santa Eulalia y que posteriormente sería un sindicato muy potente. En algún momento, ya a punto de retirarse, me confesó que él llego a lo de la política desde su trabajo en Caja Rural como si ello fuera un trabajo más que tenía que hacer  y a su cargo correspondía. Siempre apoyó al sindicato y a la cooperativa que rompió moldes desde el pueblo antes citado. Ello no fue óbice para que  su entrega fuera completa y desinteresada cumpliendo siempre con su cometido. Bueno había un momentos en que todo pasaba a un segundo plano: cuando se abrí la temporada de pesca del salmón, actividad esta que Somoano vivía y sigue viviendo con especial intensidad.

Como alcalde dio los primeros pasos para la construcción del Hospital Comarcal adquiriendo los terrenos con muchísima oposición

Como alcalde dio los primeros pasos para la construcción del Hospital Comarcal adquiriendo los terrenos con muchísima oposición tanto en la villa como en el concejo. Incuso la de Tineo que exigía se levantase en su municipio. Fue algo muy complicado y que él supo resolver con trabajo y convicción. A orgullo debe llevar que, curiosamente hoy, el Hospital sea la principal empresa no ya del concejo sino quizás de toda la comarca.

Pero a los que íbamos. Un buen día, trascurría uno de aquellos plenos interminables, sin mucho orden ni concierto, pero sí pasionales, en los que los concejales intervenían a su buen creer y entender sin la mordaza disciplinaria que posteriormente terminaron imponiendo los portavoces de cada partido. Eran largos, pesados y embarullados a más no poder. A veces había que suspenderlos llegadas la doce de la noche y continuar al día siguiente. Tanto es así que un concejal de aquí, de esta zona de Sierra, cuando terminaba la sesión se acercaba a mí e indefectiblemente me soltaba:

-Bueno Mera, ya te oiré mañana en la radio para enterarme de que coño hemos aprobado.

Y es que yo tenía que emitir en el informativo regional del día siguiente una crónica de no más de minuto y medio contando lo sucedido. Al concejal eso le era mucho más fácil que concentrase en aquellas tediosas sesiones

Pero vamos con Somoano la puerta del ayuntamiento, Paco Potes y el coche

La sesión estaba en su apogeo. Se abrió la puerta más alejada de la mesa de la presidencia del salón de sesiones y a la misma se asomó Paco “Potes”, conductor, y un poco hombre para todo de la planilla municipal, quien increpó desde la distancia

-¡Oiga Somoano!  ¡Que no puedo entrar el coche hasta el patio!, ¡que no entra por la puerta, que es muy ancho…y largo!

-Pero vamos a ver Paco. Enfílalo bien, ho

-No, si yo enfilar lo enfilo, pero no hay güevos, y eso que tú sabes que yo volanteo bien.

Somoano se mesó una par de veces los cabellos en un gesto muy suyo en los momentos de indecisión.

-¡Pero vamos a ver…! Tú no has oído a éstos que están aquí sentados repetir una y otra vez que ese coche ha salido de aquí, del ayuntamiento, que yo no lo he pagado con mis cuartos. Pues digo yo que si ha salido de aquí deberá poder entrar.  ¿O no? Eso es de cajón. ¿O es que quieres dejar a todos éstos por mentirosos? ¡No me jodas Paco!

Y completamente serio, Somoano abarcaba con un gesto a todos los bancos de los concejales

Paco miró asombrado a un lado y otro, soltó una serie de imprecaciones aquí irreproducibles y salió disparado hacia el corredor interior. En el salón de plenos estallaron las risas, los aplausos y los comentarios jocosos. No me imagino a ninguno de los alcaldes que posteriormente hemos tenido, Fontaniella incluido, dando una respuesta tan airosa y comprometida para la oposición, y mucho menos aún, a ningún empleado que interrumpiese así un pleno con tal problema de tráfico interno.

Al acabar el pleno, en el Moreno, como muchas veces sucedía, se concentraron gran número de concejales ya fueran del gobierno o la de oposición, (no todos, sea  también dicho). Como de imaginar es aquel día  los comentarios giraban en torno al sucedido entre bromas, dichos, decires y alguna que otra `borricada¨  vocablo que también solía utilizar Somoano a menudo. Genio y Figura.

José Luis Somoano; ha sido un verdadero placer evocar estos sucedidos y que, al menos en espíritu, hayamos podido rejuvenecer un montón de años.

Bienvenido de nuevo a este concejo que es también el tuyo y un fuerte abrazo para ti y los tuyos de éste que fue periodista en los años de tu mandato y que, como al cargo corresponde, al tuyo y al de él, te arreó también alguna que otras colleja dialéctica.

Tempus fugit, como diría el clásico, pero los recuerdos, el cariño y los buenos momentos siempre permanecen. Un fuerte abrazo y muchas gracias a todos.

La sesión estaba en su apogeo. Se abrió la puerta más alejada de la mesa de la presidencia del salón de sesiones y a la misma se asomó Paco “Potes”, conductor, y un poco hombre para todo de la planilla municipal, quien increpó desde la distancia

-¡Oiga Somoano!  ¡Que no puedo entrar el coche hasta el patio!, ¡que no entra por la puerta, que es muy ancho…y largo!

-Pero vamos a ver Paco. Enfílalo bien, ho

-No, si yo enfilar lo enfilo, pero no hay güevos, y eso que tú sabes que yo volanteo bien.

Somoano se mesó una par de veces los cabellos en un gesto muy suyo en los momentos de indecisión.

-¡Pero vamos a ver…! Tú no has oído a éstos que están aquí sentados repetir una y otra vez que ese coche ha salido de aquí, del ayuntamiento, que yo no lo he pagado con mis cuartos. Pues digo yo que si ha salido de aquí deberá poder entrar.  ¿O no? Eso es de cajón. ¿O es que quieres dejar a todos éstos por mentirosos? ¡No me jodas Paco!

Y completamente serio, Somoano abarcaba con un gesto a todos los bancos de los concejales

Paco miró asombrado a un lado y otro, soltó una serie de imprecaciones aquí irreproducibles y salió disparado hacia el corredor interior. En el salón de plenos estallaron las risas, los aplausos y los comentarios jocosos. No me imagino a ninguno de los alcaldes que posteriormente hemos tenido, Fontaniella incluido, dando una respuesta tan airosa y comprometida para la oposición, y mucho menos aún, a ningún empleado que interrumpiese así un pleno con tal problema de tráfico interno.

Al acabar el pleno, en el Moreno, como muchas veces sucedía, se concentraron gran número de concejales ya fueran del gobierno o la de oposición, (no todos, sea  también dicho). Como de imaginar es aquel día  los comentarios giraban en torno al sucedido entre bromas, dichos, decires y alguna que otra `borricada¨  vocablo que también solía utilizar Somoano a menudo. Genio y Figura”.

José Luis Somoano; ha sido un verdadero placer evocar estos sucedidos y que, al menos en espíritu, hayamos podido rejuvenecer un montón de años.

Bienvenido de nuevo a este concejo que es también el tuyo y un fuerte abrazo para ti y los tuyos de éste que fue periodista en los años de tu mandato y que, como al cargo corresponde, al tuyo y al de él, te arreó también alguna que otras colleja dialéctica.

Tempus fugit, como diría el clásico, pero los recuerdos, el cariño y los buenos momentos siempre permanecen. Un fuerte abrazo y muchas gracias a todos.

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R. Mera