Dos leyendas del porqué del “Puente del Infierno”
Las leyendas sobre puentes denominados del demonio o del infierno son un mito común en Europa que rodea a varios puentes de construcción difícil, donde se dice que el diablo los construyó a cambio del alma del primer ser vivo en cruzarlos. Al ver que no se cumplía el pacto, el diablo enfurecido desaparecía.

Les traigo hasta aquí una de ellas recogida por el profesor cangués, Alfonso López Alfonso de «El Progreso de Asturias» en su número 271, una vieja revista de la emigración asturiana en Cuba, contada por quien firmaba Flor de León. . Constantino Suárez, que formaba como «Españolito», nos aclara en «Escritores y artistas asturianos» que Flor de León era uno de los seudónimos que utilizaba la escritora Rosario Suárez de Barbón, nacida en Soto del Barco que vivió en Cuba y en España dedicada a las labores de su casa y escribiendo para periódicos y revistas, entre ellos «El Carbayón» y «Región», de Oviedo.
Esta es la leyenda:
“Va ya pa muchos años, una moza «guapa» del Puelo iba con leche a Cangas, todos los días; ¿ve usté los once kilómetros que hay de distancia?, pos recorríalos María lo mesmo que si en los pies tuviera alas pa facer tiempo y falar con su mozo, que yera de Cangas, y todos los días la esperaba y la acompañaba hasta el río Narcea, el que pasa por debaxo del puente.
Los padres de la rapaza non i dexaban falar con Ramón; por lo demás, él era buen mozo y trabajador. Y un día antes de despedirse contoi María al mozo la amenaza de los padres de ella de meterla en un convento antes de consentir en el casorio y, fala que fala -porque los dos se querían mucho, y lloraban mucho-, non vieron que pasaron las horas, era ya muy tarde y el barquero non oía llamar pa pasar el río a la rapaza. ¿Entós ella qué fizo? Pos despidió a Ramón y dixoi que no pasara pena nenguna, que antes de ir pa con las monxas escapábase callando ya iría a buscalo, y en casa de los padres de él había de vivir hasta que los casaran, una vez que quixieren los padres de ella.
La pobre, tuvo viéndolo marchar, corre que corre lloco de alegría, pero ella, bien que lloraba porque el barquero, nada, non salía de la choza y la luna taba ya muy alta y ella non podía pasar el río; y como tenía un padre tan malo que lo mismo la mataba si sabía que falaba una palabra con el mozo, y aquel día por falar con él «más de la cuenta» ya era la medianoche, empezó a gritar si no había alguno que la ayudara a pasar, cuando oyó una voz que dixo: «Si me das el alma, póngote un puente pa que pases» «Sí, dóitela», dijo María, y el puente fíxose solo y la rapaza pasó, y lo más extraño ye que llegó a la hora de siempre, el oscurecer. Al otro día, y los padres de María los primeros, non quedó ni un vecín de estos contornos que non fuera a ver la obra del diablo. Fesde entonces, el puente ye «El Puente del Infierno». María y Ramón casáronse y tuvieron muchos fíos (lo que querrá decir que fueron dichosos).
Y como Alfonso y Rosario lo contaron, yo cuéntoselo a ustedes
La otra leyenda
“Dicen que en la parte de aquí de Cangas o de Tineo o por ahí, que una paisana tenía que ir a buscar el agua muy lejos. Y claro, taba aburrida, y decía ella:
– ¡Nada, yo daba el alma al diablo si me trajieran l’agua pa casa!
Ya que se presentara un paisano, ya que dijera:
– ¡Coño!, ¿qué diz, ho?
– Nada, que daba el alma al diablo si me trajieran l’agua pa casa.
Diz él:
– Nada, si usté no se vuelve atrás, se la traemos.
Tenían que hacer un puente, porque había una vaguada, ya tenían que hacer un puente pa poder pasar l’agua por arriba. ¡Coño!, y aquella noche comenzó a sonar ruíu, ¡bruuummm!, y venga los carros cantar, ya un ruíu, ya outros trabajar, ya ¡pim-pam!… Y al amanecere ya taba el puente hecho. Ya entonces ella, que le entrara un gran miedo, foi ya contóuselo al cura. Diz él:
– ¿Qué le pasa?
– Hombre, pásame esto, que ofrecí el alma al diablo si me traían l’agua.
Ya resulta que mire…, algo sentiría de noche.
Diz él:
– Sí, sí, you sentí de noche todo este ruíu.
– Sí, pero mire el puente feito ya. Ya tengo el agua ante la puerta de casa.
– ¡Hombre, hombre!, ¿usté qué dice? ¡Venga p’acá!
Ya entonces el cura ficiera un redondel ya una cruz, ya metilo dentro. Enseguida llegara el diablo. Ya diz:
– ¡Venga, el alma p’acá!
Ya que le dijera el cura:
– ¡Mira, si eres el diablo, aquí tienes la cruz!
Ya entonces el diablo, claro, como nun quier la cruz, que se volviera y… ¡pam!, pega una gran morrada al puente.
Ya cuenta que por esu ta el puente torcíu. Dicen que yá verdá, porque eso me lo contaron al mí bisabuelo, al mio buelo, ya el mio padre, que tou era cierto, y que ta la mano marcada allí. Eso fue p’allá pa la parte Cangas o p’ahí pa ese lao. Y dicen que está allí el puente torcíu pa un lao y la mano allí dibujada. Y digo yo: “bueno, eso pondríanlo torcíu, ya pusieron la mano de uno allí pa decir que foi eso”.
Si usted se llega hasta el puente levantado sobre el Narcea en la carreta que lleva al Puelo y a Pola de Allande no lo verá torcido ni encontrará la mano del demonio en su estructura. Aquel puente fue volado en la guerra civil y en el actual ya no participó el diablo para nada, aunque, ¡vete tú a saber!




