CANGAS DEL NARCEA y Corias. Improntas de la pequeña historia

El convento cerró sus puertas

Corias cierra sus puertas; el convento  vacía sus claustros de cánticos de vísperas y maitines, la aulas clausuran definitivamente sus ventanas a los gritos escolares y los cantos de adolescente educandos. Los últimos frailes dominicos han bajado la capucha sobre sus cabezas y  abandonan sus instalaciones a la vez que lo hará el grupo de antiguos alumnos de Corias que, cada año y cada vez menos por el implacable paso del tiempo, venían reviviendo en el mismo sus añoranzas de juventud e incluso los fríos de los que en él vivieron  como internos.

Considerado como uno de los monumentos más destacados del concejo de Cangas de Narcea, este complejo cuyo origen se remonta a mediados del siglo XI es una joya arquitectónica hoy abierta a huéspedes y amantes del vino.

En Corias, en la margen derecha del río Narcea y unido al núcleo de población por un puente de piedra del siglo XIV, se encuentra también uno de los monumentos más destacados de todo el concejo –sino el que más–, un monasterio al que se ha llegado a bautizar como ‘El Escorial de Asturias’ por su destacada arquitectura y que desde 2013 acoge un Parador Nacional.

Fundado a mediados del siglo XI por dos miembros de la nobleza astur, los condes Piniolo y Aldonza, el monasterio de San Juan Bautista comenzó su andadura con una comunidad de doce monjes. El control de la dirección de este espacio se mantuvo en sus fundadores hasta 1063, pero lejos de perder patrimonio bajo su propia autogestión este comenzó una política de expansión gracias a las donaciones de reyes y particulares. En el año 1113 fue consagrada una segunda iglesia románica más amplia, de tres naves que vino a sustituir a la primitiva dedicada a Santa María. En el siglo XVI se realiza la primera gran reforma del monasterio con la construcción de una nueva iglesia de estilo renacentista, según los cánones de Juan de Herrera, con planta de cruz latina con amplio presbiterio y una nave con capillas adosadas. Lamentablemente, en el siglo XVIII el monasterio sufrió un incendio que acabó con prácticamente todas las instalaciones, salvo la iglesia, la biblioteca y la sacristía.

 Con la fundación del monasterio en el siglo XI, los monjes iniciaron el cultivo de la vid estableciendo una tradición vitivinícola que perduraría durante siglos, más concretamente hasta finales del siglo XIX cuando una plaga de la Filoxera acabó con todos los viñedos de Cangas del Narcea. Tras décadas de abandono, en el año 2000 se inauguró en estas tierras la Bodega Monasterio de Corias con viñedos recuperados o resucitados realizando sus primeras elaboraciones dentro del antiguo monasterio. En 2008, esta se trasladó a unas instalaciones más modernas ya fuera del edificio –pero dentro de la finca del complejo–, lo que les permite llevar a cabo una elaboración más cuidada y personalizada con hasta doce vinos diferentes.  

De algún forma el monasterio y su actividad han venido a ser el alma intelectual del concejo, incluso me atrevería  a decir que de la comarca. Especialmente en su etapa como centros de enseñanza primero y de Formación Profesional después.

Sin muchos los vecinos de Cagas del Narcea y otros concejo que llevan marcado en su evolución personal y social el sello de Corias, la impronta de una educación que hicieron especialmente y de la que  la gran mayoría guarda grato recuerdos y múltiples anécdotas. Corias ha sido el santo y seña de Cangas  y orgullo de sus vecinos durante  generaciones.

Ahora, en el momento de decir adiós a los últimos frailes que lo habitan, es también el momento de mostrar nuestro agradecimiento tanto a las órdenes monásticas que lo mantuvieron como a los múltiples  alumnos que por sus aulas pasaron y que guardan en su memoria vivencias imborrables.

Sea el mío, aquí y ahora, el primero

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R. Mera