CANGAS DEL NARCEA.- Muevo poemario del poeta cangués Javier Olalde

El poeta, ensayista, crítico y también aforista , el cangués Javier Olalde (Cangas del Narcea, 1944) nos trae, con su nuevo libro de poemas Constancia de lo idéntico (Huerga y Fierro, colección Graffiti), un mensaje claro: la ausencia de algo más allá de lo que vemos y sentimos desde nuestros límites vitales. Valiéndose de herramientas filosóficas y líricas, el cangués nos brinda una serie de lecciones hechas poemas donde la existencia se presenta con el único fin de vivir, no habiendo misterio posible.

Previo a los cinco apartados con los que se conforma Constancia de lo idéntico, Olalde nos ofrece un fragmento surgido de su propia pluma, perteneciente al libro Extravagancia infinita (2019). En él queda resumido el espíritu del presente volumen “Protagonizamos el eterno retorno de lo mismo dado que somos gente semejante en tiempos sucesivos. Aunque tendemos a olvidarlo por nuestro común solipsismo de individuos que imaginan que el mundo existe primordialmente porque existen ellos”. Ese pensamiento mágico surgido de nuestra imaginación sostiene con su arquitectura el sentido que podamos dar al hecho de estar en el mundo. Hay también algo de egocentrismo o vanidad en el hecho de creer tener una misión en el mundo distinta a la de los animales, vegetales o piedras.

El primero de los bloques del libro, Condición natural, alude a la esencia propia que lleva al ser humano a tropezar con la misma piedra en su pensamiento desde que existe como especie. 

El segundo de los apartados, Reincidencia, viene a insistir en esa forma de cometer los mismos errores al no aprender de ellos. El primer poema, Incorregible, indica que nada ha cambiado: “Habremos sido como los que fueron / y serán los que lleguen”. Somos “figuras, figurantes, siluetas transeúntes, casi figuraciones”.

La tercera parte, Compañeros de viaje, engloba en la misma comunidad a las distintas personas que han existido, existen y existirán, coincidentes en un mismo destino: cruzar la laguna Estigia. Albur nos recuerda desde una posición orteguiana que, “en algún lugar de las circunstancias”, se es “un yo, fortuito”

La penúltima parte del poemario, Moradas íntimas, remite a esos mundos interiores que desaparecerán con nosotros y a los que se recurre desde la nostalgia, como nos describe el primer poema desglosado en dos partes, Memoria esquiva.

Cierra el poemario la parte titulada En los confines, título que a su vez refiere a la última etapa de la vida y que da nombre al primer poema. En éste, el poeta describe las sensaciones que experimenta quien se encuentra al final del viaje, quitando peso a “la aflicción o el enojo” por superfluos. Hasta la reflexión más existencialista se desvanece pronto: “‘Todo se desmorona’, piensa un instante, soñoliento, / y vuelve a adormecerse”. 

Constancia de lo idéntico supone un inteligente alegato contra las falsas fantasías humanas que animan a seguir viviendo, aun cuando choquen frontalmente con la realidad del mundo: un absoluto sinsentido dominado por el azar y el trámite a cumplir entre el nacer y el morir.

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R. Mera