Cupido, San Valentín y lo que fuere menester: el caso es vender

Ha sido un fin de semana un poco raro. Del carnaval no opino, no he sido yo muy carnavalero ni tan siquiera en mis años mozos, y menos aun desde mi llegada a estas tierras; nunca he llegado a entender el individualismo del mismo ni esa obsesión porque no te conozcan, aunque admito que eso está ya cambiando. Tan solo en alguna ocasión, celebrándolo con los alumnos y en grupo dentro del cerval del Colegio he disfrutado del mismo.
Lo del “raro”, aplicado al fin de semana viene determinado por la festividad, este año coincidente con el carnaval, de San Valentín.
Les cuento. Inesperadamente, cuando ya las sombras llegaban apagando por completo la tarde del domingo, me encuentro con Pasquín, el colega de Xuan que, como a buen jubilado corresponde y en compañía de otro paisano, se encontraba observando, y criticando, como iban las obras del nuevo hotel Truita.
Tras saludarlo invítele a tomar un café en el cercano bar Farruco, hasta hace poco El Molinón, a esa horas con pocos parroquianos. Nos sentamos en una mesa junto al ventanal que da a la carretera y rápidamente acudió a atendemos una joven agraciad y muy arregladita.
-Uno con leche y un cortao, le dije tras contestar a las bromas con que siempre solía saludarme la citada cuando de mediodía en mediodía hasta allí solía acercarme.
Pasquín se quedó morándola un tanto descaradamente.
-¡Eh, ho! Ta curiosa esta moza ¿he Mera? Soltó en cuando aquella se separó un poco de la mesa
-No me seas viejo verde. Es la dueña y está felizmente casada
-De eso iba yo a hablarte, del amor
-¿El qué ho? ¿diote un aire? ¿a nuestro años?
-Sactamente. Mira: Tengo a Xuan más que preocupao. Tu sabes que yo tengo muchas ensoñaciones, que muchas son verdad, pasa lo que veo, o veo lo que otros no ven y que dicen, como la mi nieta, que es cuando sueño. Pues el caso es que en estos día aparecióseme San Valentín. Sí, sí, San Valentín, y no te cachondees, se me apareció igualitamente que lo había hecho al Virgen de Fátima allá por el pasado mayo y nunca te lo creíste. Pero ser fue verdad. La ví justo delate de mí, entre flores ya velas encendidas.
Pues dígoter, continúo Pasquín, que aparecióseme tal cual ya díjome taba preocupao, incluso algo enfadao por el lío que estaban montando los de Cangas con lo del amor. Que le había hecho de menos, vamos, un feo, trayendo a un tal Cupido, un neno medio enano que andaba por ahí con flechitas y no sé que leches, y que eso era el amor. ¡Tamos arreglaos!.

-Contéselo a Xuan y anda el hombre murrio ya desganao, como San Valentín .¡Acaban con too!, repite una ya otro vez.
-Pues eso sí que me choca. Xuan sabe que San Valentín fue un obispo de Roma que ni tuvo ni tiene nada que ver con el amor, que eso fue un embolao que le colocaron los dueños de Galerías Preciados, el Pepín Fernández, y otros comerciantes de la época como pretexto para tener un `día del amor´ y vender más, y es así porque al Santo, que cuando vivía no lo era, el amor le traía al fresco por completo, al fresco de febrero claro, mes que no tenía rebajas, ni fiestas, ni nada. Pues como había que vender cogieron al pobre San Valentín y allí le colocaron, y con el beneplácito de la Iglesia le declararon patrón de los amoríos cuando lo más que había hecho en vida al respecto fue el casar clandestinamente a los soldaos de Roma a lo que se lo tenía prohibido el emperador. Le pillearon y se lo cargaron. Y el hombre ni siquiera había tenido novia ya que primero fue cura y luego obispo. Cosas de negocios Pasquín, no te equivoques. Y ya hablaré yo con Xuan. Sois unos crédulos y habéis de saber que ya se mercantilizan hasta los santos, los patronos de cada pueblo o lo que menester sea con tal de vender. Y si para ello hay que poner el Corpus en diciembre y la Navidad en mayo, pues se pone y aquí paz y después gloria. Y por cierto levántate más temprano y no duermas tantas horas, quizás así tengas menos `ensoñaciones´ y estés más listo, que entre las apariciones y las mozas `curiosas´ van a acabara contigo.
-¡Tas tu bueno! Igual que la mio nieta que me suelta el mismo sermón y me dice que no se puede dormir de once a once. ¡Habrase visto! ¡Cada cual duerme lo que necesita! Ya eso no tiene nada que ver ni con las ensoñaciones ni mucho menos con las apariciones como la de la Virgen de Fátima y la de San Valentín. Y apura el café que nos vamos. Y quita allá que voy yo a pagar a esa moza tan curiosa ya sí la veo de cerca.
Y allá que se fue todo encandilado y estirándose gallaspero




