IN MEMORIAM. JOSÉ LUIS SOMOANO, primer alcalde democrático del concejo cangués

El autor con Somoano en el día de su homenaje

El viernes, día 27 de febrero, en el mismo día en que había nacido pero con 90 año de intermedio, fallecía en su natal Cangas del Onís, el que fiera primer alcalde de la democracia en Cangas del Narcea, José Luis Somoano Sánchez. En aquel entonces yo era corresponsal del diario La Voz de Asturias y de Radio Nacional.

Quiero recordarle hoy con un anécdota que aparece en mi libro “Remembranzas canguesas” en el relato 48

 “Debía de ser hacia 1.981. Las primeras elecciones municipales habían tenido lugar en el 79, y José Luis Somoano era el alcalde de Cangas del Narcea. El primer alcalde democrático.

Accedió al cargo con tan solo cuatro concejales y ello hizo que su mandato no fuera nada fácil. Su elección fue de lo más rocambolesca; hasta el punto de que a lo largo de la noche anterior al pleno constitutivo, existió la posibilidad de que hasta tres candidatos distintos, de los diversos partidos con concejales, pudieron acceder a la alcaldía, rotando esta posibilidad según el momento y hacia el lugar al que se inclinaban las negociaciones de unos y otros. Pese a estar celebrándose en ese mismo día  elecciones de alcaldes en todos los municipios asturianos, en Cangas se encontraban los directores de El Comercio, La Voz  de Asturias y La Nueva España, hasta tal punto era la expectación levantada y la repercusión que esta decisión electoral  estaba teniendo en toda Asturias. Tanto es así que  Luis José Ávila, entonces jefe de redacción de La Voz de  Asturias, tituló la crónica del día siguiente como “La noche de los cuchillos largos”.

Era Somoano un peculiar personaje ajeno a la política en toda su trayectoria. Director de la sucursal de la Caja Rural con un pálpito de ganadero. Tenía algunos terrenos arrendados y algunas reses por el Rañadoiro y era un hábil tratante con muchas relaciones en todo el concejo. Ello le llevó a la Unión de Campesino Asturianos (UCA), que entonces se iniciaba en el concejo desde Santa Eulalia y que posteriormente sería un sindicato muy potente. En algún momento, ya a punto de retirarse, me confesó que él llego a lo de la política desde su trabajo en Caja Rural como si ello fuera un trabajo más que tenía que hacer  y a su cargo correspondía. Siempre apoyó al sindicato y a la cooperativa que rompió moldes desde el pueblo antes citado. Ello no fue óbice para que  su entrega fuera completa y desinteresada cumpliendo siempre con su cometido. Bueno había momentos en que todo pasaba a un segundo plano: cuando se abría la temporada de pesca del salmón, actividad esta que Somoano vivió siempre con especial intensidad.

Como alcalde dio los primeros pasos para la construcción del Hospital Comarcal adquiriendo los terrenos con muchísima oposición tanto en la villa como en el concejo. Incuso la de Tineo que exigía se levantase en su municipio. Fue algo muy complicado y que él supo resolver con trabajo y convicción. A orgullo debe llevar que, curiosamente hoy, el Hospital sea la principal empresa no ya del concejo sino quizás de toda la comarca.

Pero a los que íbamos. Un buen día, trascurría uno de aquellos plenos interminables, sin mucho orden ni concierto, pero sí pasionales, en los que los concejales intervenían a su buen creer y entender sin la mordaza disciplinaria que posteriormente terminaron imponiendo los portavoces de cada partido. Eran largos, pesados y embarullados a más no poder. A veces había que suspenderlos llegadas la doce de la noche y continuar al día siguiente. Tanto es así que un concejal de aquí, de esta zona de Sierra, cuando terminaba la sesión se acercaba a mí e indefectiblemente me soltaba:

-Bueno Mera, ya te oiré mañana en la radio para enterarme de que coño hemos aprobado.

Y es que yo tenía que emitir en el informativo regional del día siguiente una crónica de no más de minuto y medio contando lo sucedido. Al concejal eso le era mucho más fácil que concentrase en aquellas tediosas sesiones

Pero vamos con Somoano.

La sesión estaba en su apogeo. Se abrió la puerta más alejada de la mesa de la presidencia del salón de sesiones y a la misma se asomó Paco “Potes”, conductor, y un poco hombre para todo de la planilla municipal, quien increpó desde la distancia

-¡Oiga Somoano!  ¡Que no puedo entrar el coche hasta el patio!, ¡que no entra por la puerta, que es muy ancho…y largo!

-Pero vamos a ver Paco. Enfílalo bien, ho

-No, si yo enfilar lo enfilo, pero no hay güevos, y eso que tú sabes que yo volanteo bien.

Somoano se mesó una par de veces los cabellos en un gesto muy suyo en los momentos de indecisión.

-¡Pero vamos a ver…! Tú no has oído a éstos que están aquí sentados repetir una y otra vez que ese coche ha salido de aquí, del ayuntamiento, que yo no lo he pagado con mis cuartos. Pues digo yo que si ha salido de aquí deberá poder entrar.  ¿O no? Eso es de cajón. ¿O es que quieres dejar a todos éstos por mentirosos? ¡No me jodas Paco!

Y completamente serio, Somoano abarcaba con un gesto a todos los bancos de los concejales

Paco miró asombrado a un lado y otro, soltó una serie de imprecaciones aquí irreproducibles y salió disparado hacia el corredor interior. En el salón de plenos estallaron las risas, los aplausos y los comentarios jocosos. No me imagino a ninguno de los alcaldes que posteriormente hemos tenido, Fontaniella incluido, dando una respuesta tan airosa y comprometida para la oposición, y mucho menos aún, a ningún empleado que interrumpiese así un pleno con tal problema de tráfico interno.

Al acabar el pleno, en el Moreno, como muchas veces sucedía, se concentraron gran número de concejales ya fueran del gobierno o la de oposición, (no todos, sea  también dicho). Como de imaginar es, aquel día  los comentarios giraban en torno al sucedido entre bromas, dichos, decires y alguna que otra `borricada¨  vocablo que también solía utilizar Somoano a menudo. Genio y Figura.

Tempus fugit, como diría el clásico, pero los recuerdos, el cariño y los buenos momentos siempre permanecen.

 Somoano, descansa en paz

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R. Mera