CANGAS DEL NARCEA.- «Las brujas de la Veiga’l Palo

CANGAS DEL NARCEA.- «Las brujas de la Veiga’l Palo

Allá en 2020 publiqué un relato titulado  «Las brujas de la Veiga’l Palo”. En este mes, seis años después, recibo un comentario al mismo firmado por Miguel Nava que hago extensivo a todo ustedes

«Las brujas de la Veiga’l Palo«

Hace un montón y de años, más de veinticinco, y enterándonos a través de un blog de la leyenda  de la Veiga del Palo, para allá nos fuimos en plan de curiosidad y no por ser creyentes de leyendas.
En una tarde, 30 de Abril, día nublado pero no aparentaba que fuera a llover.
Llegamos a Monasterio de Hermo, y después nos encaminamos, hacia las Brañas de Monasterio.  En aquel momento, comenzó a llover, que parecía que no había llovido en años… Comenzamos la subida hacia la Veiga del Palo, y el tiempo parecía empeñado en no darnos tregua, por el camino bajaba casi un torrente, rodeados de escobas y vegetación, de repente nos aparece un paisano, de pelo blanco, vestido de negro y nos pregunta, si hablamos visto por allí una caballería, le dijimos que no hablamos visto nada, nos dio las gracias y cuando después de un minuto, al mirar atrás al camino, no le volvimos a ver,  a todo esto sólo se oía el viento y el agua de lluvia caer y llegamos a la Veiga del Palo, sitio intrigante, dado que se unía,  la lluvia, el viento, la niebla y el musgo que colgaba de la las fayas.
Nos dispusimos a cruzar la Veiga, primero abriendo camino , iba Quiroga, sus noventa kilos de buen rapaz, más su mochila, detrás una perrita de nombre Xana, que no paraba de soltar aullidos, detrás Perdiera, que de repente se hunde en el camino, parándole, la mochila,  sale del agujero,  casi sin Mancha, era un agujero limpio, allí con risas nerviosas, continuamos, hasta encontrar un lugar donde poder plantar la tienda para pasar la noche,  algo imposible por el fuerte viento, allí nos metimos en un trozo de cabaña, que había con una parte  cubierta, pero para poder dormir, estaba bastante bien, aunque la perra no paraba de aullar y de mostrarse inquieta, el caso es que nos ponemos a hacer la cena, pan y cecina o algo similar, cuando se repente, se rompe la hoja de la navaja.
Todo junto y nosotros que íbamos para ver si había o no brujas,  pues dejó a la imaginación todo lo que pensábamos…
La noche no tuvo  más sobresaltos, pero si bien, no creo en brujas… pero habeilas, hailas.
Perdón por la extensión del comentario.

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R. Mera