Inaugurada la exposición `LA CERÁMICA DE CANGAS DEL NARCEA´ en Gijón

Se exponen en Gijón un total de 95 piezas que muestran las características de una artesanía que mantiene las formas tradicionales, sabe adaptarse a nuevas necesidades e innova para seguir sobreviviendo. De este modo se exponen formas tradicionales fabricadas por los xarreiros de Llamas del Mouro (xarros, ollas, tarreñas, concas, queseras, porrones, etc.), piezas incorporadas a partir de nuevas demandas a comienzos del siglo XX (tiestos, huchas, objetos decorativos), y piezas totalmente innovadoras realizadas por el ceramista Raúl Mouro, hijo y nieto de alfareros de Llamas del Mouro. La exposición muestra la evolución de este alfar desde el siglo XVIII a la actualidad.

Hay 16 piezas encargadas en 1966 por el coleccionista Jaime Martínez, de Gijón, al alfarero Jesús Rodríguez Garrido y su hijo Marcelino. Son todas ellas botijos de formas diferentes, algunos de los cuales están decorados por artistas asturianos, como Rovés, Díaz de Orosia, Elías García Benavides, Marola, Kiker, etc.. que fueron donados recientemente.

La exposición se completa con fotografías de los años veinte y treinta de Ruth M. Anderson, Fritz Krüger, Juan Uría Riu y Foto Gomez, de Luarca, y fotografías actuales de FOAT y José Ramón Puerto Álvarez, así como, un audiovisual sobre la alfarería tradicional y la obra de Raul Mouro, hecho en 2025 por Benito Sierra y producido por el Tous pa Tous. Sociedad Canguesa de Amantes del País.

Llamas del Mouro es el único centro alfarero que pervive en Asturias. Desde principios del siglo XVIII, este pueblo del concejo de Cangas del Narcea ha mantenido de forma ininterrumpida la producción de cerámica. En aquel siglo está documentada la presencia de alfareros de Miranda de Avilés que se trasladaban en verano y cocían sus piezas en una “ollera” propiedad del palacio de los Sierra de Llamas del Mouro. Alrededor de 1800 se estableció allí definitivamente una familia procedente de Miranda, formada por Manuel de Ávila y Josefa Nuevo, sus ocho hijos y un yerno. Estos alfareros trajeron el torno de pie, la cocción reductora que produce esta cerámica negra, la decoración bruñida e incisa, y unas piezas similares a las del alfar de Miranda de Avilés. A finales del siglo XIX, llegaron a trabajar unos quince alfareros en Llamas del Mouro.

Los recipientes cerámicos que se fabricaban se empleaban sobre todo para comer, beber, elaborar manteca y queso, y almacenar alimentos. Muy rara vez se usaban para cocinar. La venta se realizaba en mercados y ferias de todo el occidente de Asturias. Con el tiempo, los alfareros se fueron adaptando a nuevas demandas de la clientela, sobre todo de centros urbanos, y diversificaron su producción, incorporando floreros, tiestos, huchas, tazas de café y formas puramente decorativas.

En el último tercio del siglo XX, cuando en España desaparecieron la mayor parte de los artesanos, Jesús Rodríguez Garrido supo mantener el oficio de xarreiro en Llamas del Mouro y trasmitirlo a sus hijos Manuel y Marcelino. Una hija del primero, Verónica, mantiene vivo el alfar en el siglo XXI y un hijo del último, Raul Mouro, innovó esta tradición con formas y texturas nuevas, recibiendo por este trabajo en 2024 el Premio Nacional de Artesanía.

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R. Mera