SUROCCIDENTE.- Villaoril, en Ibias, se ha convertido en un museo “con alma y vida”

No son muchas las veces que se le presenta a uno la ocasión de difundir o reproducir, como en este caso, buenas noticias. Hoy queremos hacernos eco de la crónica publicada por Ana Moreno el 13 de enero en Nuevaradio y que comienza así:

“Oculto entre montañas y silencios, este enclave del concejo de Ibias se ha convertido en un museo al aire libre gracias a una vecina con vocación artística”

Villaoril, dice el artículo, es una diminuta aldea ubicada en el concejo de Ibias que se ha transformado en un inusitado destino para los meses de invierno gracias a un proyecto artístico que ha llenado sus viviendas con murales rurales y esculturas que homenajean a sus habitantes. Con sólo doce residentes y una cantidad de obras superior a la población censada, este rincón de Asturias “ha pasado a ser un museo en plena naturaleza montañosa”.

 Y continúa: “A primera vista, esta aldea no difiere de otras del occidente asturiano, con sus tejados de pizarra negra, hórreos tradicionales y un silencio apenas perturbado por el viento. Sin embargo, al andar por sus calles, lo que aparece en puertas, ventanas y fachadas sorprende incluso al visitante más observador: retratos realistas, escenas domésticas y figuras humanas que parecen integrarse en el entorno. La creadora de estas intervenciones es María del Roxo, una artista vinculada al pueblo que ha convertido Villaoril en un espacio artístico excepcional”.

Todo comenzó en 2008, cuando la artista optó por decorar el lateral de un garaje con un mural dedicado a sus padres y otros vecinos. Años más tarde, esta iniciativa se consolidó como un proyecto colaborativo bajo el título “Érase una vez en Villaoril”. Desde entonces, ha pintado a mujeres barriendo, vecinos asomados a las  puertas o niñas que miran desde una ventana falsa, integrando la memoria viva del lugar con un estilo íntimo y respetuoso.

Las obras no buscan el impacto de los grandes murales urbanos, sino una armoniosa integración en la arquitectura local. Son intervenciones pequeñas, realizadas sobre madera o directamente en los muros, siempre empleando materiales sostenibles. El fin no es solo atraer turismo rural, sino “conservar que la aldea mantenga su alma habitada, incluso en los meses fríos de invierno.

Villaoril se encuentra en una zona poco frecuentada pero rica en cultura, historia y paisajes. Este enclave fronterizo con Galicia y León fue un territorio aurífero durante la época romana y conserva elementos etnográficos singulares, como las pallozas, vestigios de la cultura cunqueira, o los viñedos de alta montaña. Además, parte de su territorio pertenece a la Reserva de la Biosfera Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias.

Las rutas de senderismo, como la del Dolmen de Seroiro o el Desfiladero de Bustelín, complementan el atractivo cultural que Villaoril ofrece hoy. Aunque el acceso no es inmediato —a dos horas desde Oviedo por la CL-626—, la recompensa es un viaje al corazón de un pueblo que ha sabido reinventarse apoyándose en su propia memoria. Lo ha logrado con pinceles, puertas abiertas y arte a escala humana.

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R. Mera