Mayo se nos ha llegado sibilinamente

Deslizándose sibilinamente, tal cual gato que saliendo de las sombras del salón accede al corredor, se nos ha llegado mayo.

“Marzo ventoso y abril o acuanoso (lluvioso) sacan a mayo florido y hermoso”, dice el refrán español; aunque bien sabido es que en el refranero cada uno tiene su opuesto que proclama justo lo contrario.

Y se nos ha llegado, como a tal estación corresponde, envuelto en tormentas cortas y recias, muchas de ellas cargadas de granizo que maldita la gracia que ha hecho a huertanos y viticultores. Pero el sol, cuyos rayos ya calientan los huesos de los  más veteranos, ha traído también la apresurada suelta de las piezas de vestir entre las mozas ms. jóvenes que adelantan el verano chapoteando por las cales seminundadas calzadas con chanclas y mostrando al agua escotes, piernas y brazos desnudos. Por el otro lado aguantan los jerséis y chaquetas y el personal aguarda prevenido hasta que llegue la seguridad de junio o, incluso, julio, mes veraniego por antonomasia, al menos por estos lares.

Se nos ha llegado mayo cargado de flores. De flores a aporía, como cantábamos en las catequesis de antaño llegado este mes mariano por excelencia.

Y en mis paseos matutinos y vespertinos me encuentro con apresurados jubilados convertidos con estos primero soles en afanados huertanos a la busca del mejor plantón de cebollino, de tomate o de pimiento. Y se enseñan unos a otros las manos cubiertas de los primeros callos tras la inacción invernal. Julio, sentado en el banco que mira a los talleres de Santa Catalina, mira con envidia a un apresurado Peña, que sí eléctrico es ya en su ir y venir de cada día, aún lo es más llegadas etas fechas de afanes y riegos apresurados. Los años han podido a sus ilusiones de hortelano convencido y vivencial. Ahora se conforma con charlar con unos y otros de los aconteceres de este u otro cultivo, si hay que esperar a esta u otra luna para sembrar, o no conviene tanto sol así de primeras…

Se nos ha venido mayo con ilusiones renovadas pero no más que otros tantos mayos que han pasado a lo largo de años y siglos, ni menos que los que  aún quedan por venir. Es el ciclo eterno de la Naturaleza en su eterna quietud y movimiento en continua paradoja tal el agua del río siempre la misma siempre distinta.

Se nos ha venido mayo sibilino, un tanto a escondidas, pero ampliando sus tardes de luz y sus mañanas de cálidos rayos cada vez más tempraneros.

Y las mocitas pasean sus gracias sandungueras levantando con gracia el vuelo de sus faldas mientas sentados en los bancos, frente a las almenas, los viejos miran arrobados evocando ayeres y dejando pasar el tiempo mientras el col se oculta poco a poco tras las montañas, esas eternas cien montaña que se elevan alrededor de la villa canguesa.

Mayo, como la primavera, se nos ha venido y nadie sabe como ha sido

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R. Mera