SUIROCCIDENTE.- El párroco de Cangas, Juan José Blanco, marcha a Roma
El sacerdote John Ángel Terán Quintero atenderá la UP de Tineo con 27 parroquias

La población de Asturias ha bajado, y ha bajado especialmente la del Suroccidente, pero no lo ha hecho el número de parroquias que configuran una y otro
Ello explica que entre los pocos párrocos y vicarios con que cuenta el arzobispado hayan de enfrentrse al desafío de atender hasta 25 parroquias con la sola ayuda de un sacerdote más. Tal es el caso de la unidad pastoral de Cangas de Onís, que comprende cuatro concejos y 27 parroquias atendidas por un total de tres curas: un párroco y dos vicarios. O el de Tineo.
Esta es la exigencia que se deriva de un elenco de recursos humanos muy limitado como es el de Asturias. El arzobispo, Jesús Sanz Montes, dispone de 230 sacerdotes en activo para cubrir las 932 parroquias de la región siendo la edad media de aquellos de 68 años.
Y hasta el Suroccidente han llegado estos ajustes propiciando cambios que ya han sido comunicados por el arzobispo Jesús Sanz Montes y de los que aquí nos hacemos eco:
230 sacerdotes en activo para cubrir las 932 parroquias con una edad media de aquellos de 68 años
El nuevo responsable de la unidad pastoral de Cangas del Narcea, integrada por 22 parroquias, es Ángel María Vilaboa Pérez que releva a Juan José Blanco Salvador, que se traslada a Roma para realizar la licenciatura en Teología Pastoral en la Universidad Pontificia Lateranense.
Ángel María Vilaboa nació hace 29 años en el barrio avilesino de Sabugo, concretamente, en la calle de La Estación. Estudió en el colegio Paula Frassinetti y, posteriormente, se licenció como ingeniero Informático.
En el despoblado suroccidente de Asturias, la unidad pastoral de Tineo abarca 27 parroquias, que serán atendidas por un párroco, John Ángel Terán Quintero; un vicario parroquial, Geoffrey Bravo Zarpán, y un diácono transitorio, Yesid Montoya Aguirre, que prevé ser ordenado sacerdote.
Carta dirigida a su feligreses por Juan José Blanco

«La Santa Madre Iglesia me llama a “dejar mi tierra y ponerme en camino”. Me destinan a Roma para profundizar y ampliar mis estudios. Esto implica que dejo de ser vuestro párroco y me mudo a la ciudad eterna. Así son las cosas. Sabía que estaba en “tiempo de descuento”, no me coje de sorpresa. Lo que si me sorprende es el destino que me asignan, presupone en mí una capacidad que espero no defraudar. Todo esto me supone un gran sacrificio personal que, desde la santa obediencia, asumo. El día que me ordenaron sacerdote sabía esto. Es más, en el fondo de mi corazón, bastante en el fondo, sé que esto puede hacer bien tanto a las parroquias que ahora dejo como a mí.
No me es fácil, podéis creerme, escribir estas líneas. Y mucho más difícil será enfrentarme al encuentro personal con cada uno después de esta noticia. Sencillamente porque aquí tengo el corazón.
He vivido 12 años completos e intensos en esta tierra que ya entiendo como mía. Para mí los mejores. Estoy profundísimamente agradecido a Dios por haberme puesto aquí y haberme dado la posibilidad de conocer a tantas personas buenas. Os he acompañado en momento alegres, pero también en momentos duros y tristes. Me he sentido profundamente querido, arropado y parte de vuestras vidas. No fui, ni seré, un espectador de lo que os pasa, sino parte activa con cada uno. Me llevo muchísimo más de lo que traía y siempre estaré en deuda con esta tierra y con vosotros.
Hemos trabajado juntos para sacar adelante lo que verdaderamente importa: las parroquias, la iglesia, la vida cristiana. Con “santa humildad” estoy orgulloso de lo que Dios hizo a través de mí y a pesar de mí. Que todo sea para mayor gloria de Dios. Muchas cosas me quedan en el tintero, muchos proyectos que están en marcha, muchas cosas soñadas para aquí…
Ahora bien, lo importante aquí no soy yo ¡jamás lo pensé! Lo importante aquí es conservar y cuidar el ser iglesia, hacer parroquia, comunidad, fe, vida cristiana. Todos vamos y venimos, pero la iglesia, la comunidad de fe, se queda. ¡Que nadie se baje del barco! Eso sería un fracaso mío. Seguir todos trabajando en conjunto, corresponsablemente, como hasta ahora conmigo. El compañero que viene a ocupar mi responsabilidad es extraordinariamente bueno, tendréis muchísima suerte con él.
Nunca podré sacar del corazón todo lo que aquí he vivido.
¡GRACIAS!»




