CANGAS DEL NARCEA.-Nuevos propietarios de los viñedos de La Galana que fueron de Antón Chicote
Un grupo de amigos ovetenses se han propuesto dar a bodega y viñedos una nueva vida

Miguel y cinco amigos del barrio de Otero de Oviedo se ha embarcado en una “emocionante” aventara: poner de nuevo en valor las cinco hectáreas de terreno plantado en torno a la bodega La Galiana, que fue de Antón Chicote. Se han propuesto la tarea de levantar una marca histórica que cambió de manos a la muerte del fundador y que llevaba un tiempo apagada.
Miguel Fernández contestó de entrada que no, pero vino, y una vez en La Galiana, en Limés, junto a la nave y rodeado de viñedos plantados en la fortísima pendiente que se precipitan hacia el estrecho valle del río Naviego aquel «no» se convirtió en «no podemos no cogerlo».
Los amigos ovetenses se han propuesto dar a bodega y viñedos una nueva vida, Llevan poco más de cuatro meses al frente de la bodega, pensando ya en su primera vendimia y tanteando el terreno para dar pasos firmes en este lugar de pronunciadas pendientes en el que se comprende a simple vista por qué a la que se practica aquí se la llama «viticultura heroica». Así lo cuenta La Nueva España.
Los amigos ovetenses se han propuesto dar a bodega y viñedos de Antón Chcote una nueva vida
De la mano de Miguel, que además de dar clases tiene dos empresas de asesoramiento y gestión de hostelería, se ha rodeado de un grupo heterogéneo de profesionales de otras disciplinas que ahora también se ilusionan mirando el paisaje que enmarca su bodega. Los que con él apuntan por este nuevo futuro son Paul Terente, empresario de impermeabilizaciones y tratamientos de estructuras; Antonio Iglesias y Pablo González «Pola», jefes de ventas en dos compañías de materiales de construcción; Manuel Cabal, que se dedica al negocio de las autocaravanas y otros vehículos, y Fabián Riera, soldador y fontanero.
En los terrenos que circunda la bodega, los operarios están enramando, las vides entre los alambres de las espalderas para que las calles queden libres y se pueda pasar a sulfatar y hacer otras labores.
Esta parcela y su emplazamiento, confirma, contienen muchas de las razones que empujaron a seis ovetenses hasta la parroquia canguesa de Limés. «Es, todo el mundo lo dice, el mejor viñedo de Cangas por la orientación que tiene», señala Fernández, pero hay algo más. Un desafío. El más extendido de los vinos de esta zona, o quizá «el que menos cuesta vender», es el albarín blanco, «pero más o menos el setenta por ciento de las uvas que tenemos aquí son variedades tintas, ‘carrasquín’, ‘albarín negro’ o ‘verdejo negro’», así que la bodega viene con el reto de «introducir más en el mercado» los tintos de Cangas, «que tienen una tipicidad muy especial, muy distinta a la de un Rioja o un Ribera del Duero y que mucha gente no entiende, aunque es un producto único y de enorme calidad».
«Nosotros no cogeríamos ahora mismo una bodega en La Rioja, porque hay muchísimas», abunda Miguel Fernández, pero este vino es de aquí, y especial», diferente. Su viñedo les va a dar mayoritariamente variedades tintas y tiene cepas «de las más antiguas de Cangas, algunas de más de cien años, que son las que darían los vinos más complejos», así que el proyecto arrastra la sugerente oportunidad de ensanchar un hueco en el mercado.
Para casi todos va a ser ésta su primera experiencia profesional alrededor del vino, pero Miguel Ángel Fernández había soñado algo así. Ya hizo vino en una bodega de Toro (Zamora) y tenía claro, dice, que su «siguiente paso era hacer vino. La oportunidad de hacerlo en Asturias, y en la bodega con más historia de Cangas es de esas que se presenta una vez, de las que la coges o la pierdes».
Miguel conoce el terreno que pisa. Sabe de las posibilidades de los tintos de Cangas porque forma parte del Consejo Regulador casi desde sus comienzos. Forma parte del comité de cata, el que prueba los vinos antes de que salgan al mercado para decidir si pueden recibir la contraetiqueta, y recuerda como «un punto de inflexión» y una siembra hacia adelante la cata de un tinto de aquí «que me llamó muchísimo la atención, que me dejó perplejo por su calidad» y fue otro de los empellones que ha terminado con él y sus cinco amigos al frente de una bodega y una plantación de viñedo que promete entre 18.000 y 20.000 kilos de uva para la próxima vendimia y a continuación, a razón de kilo por botella y en proporción variable, otras tantas botellas de tinto y blanco…

Además del tiempo que pueden dedicar a esperar hasta que les salga el mejor caldo posible, también les ayuda el nombre que su bodega ya tiene en el mercado. Un nombre propio tan reconocible «es una ventaja muy importante», señalan. «Cuando indagamos para saber quién era Antón Chicote nos dimos cuenta enseguida de que era una de las personas más conocidas y queridas de Cangas y ahora, cuando decimos que somos la nueva gerencia de su bodega, casi nos ponen la alfombra roja. Por eso vamos a mantener su nombre y la esencia de la bodega y a tratar de ponerle todo el cariño que él le ponía a su vino».
En Limés parece que nace la octava bodega adscrita a la Denominación de Origen Cangas, pero en realidad está renaciendo una de las primeras. La que fundó Antonio Álvarez Álvarez. Antón Chicote, fue junto a Chacón Buelta, en Degaña, la pionera del vino certificado en el suroccidente asturiano. Era el año 2000 y aquellas primeras etiquetas del «Vino de la tierra de Cangas» cortaban la cinta inaugural de la viticultura moderna en esta esquina de Asturias donde se cultiva y se exprime la vid al menos desde la Edad Media. Antón, que falleció el 4 de marzo de 2022 a una semana escasa de cumplir 75 años, vio el futuro del vino antes que casi nadie. Natural de Castro de Limés, de «Casa el Chongo», fue uno de los visionarios cangueses que supieron llevar hacia la profesionalización la elaboración vitivinícola de «toda la vida».




