DE LA BOLLA DE PASCUA A LA COMPUESTA O UN RECORRIDO POR CANGAS DEL NARCEA

Debe el viajero que hasta el suroccidente se acerque en esta fechas detenerse en la villa del Cangas del Narcea en la mañana del Sábado Santo y perderse por su parte vieja arrancando de las murallas de  la Plaza Toreno, siguiendo la calle Arrastraculos abajo, donde podrá comprobar personalmente el porqué de tal nombre; hasta la zona de los cinco puentes y confluencia de los ríos Luiña y Narcea, centro neurálgico de la monumental Descarga que se realiza cada 16 de julio. Tras pasear por la zona y visitar el mercadillo, instalado junto a la basílica y donde aún se ofertan productos traídos directamente desde las aldeas, habrá de acercarse a  cualquier pastelería o panadería para degustar las magníficas “bollas de pascua” que aquí se  realizan. Un manjar exquisito, crujiente en su todo, que estalla en la boca en armonía de dulces suaves.

Esta bolla es obligado regalo de los padrinos del concejo a sus ahijados, tradición que, en parte, se está perdiendo ante la materialidad monetaria de los nuevos tiempos.

Puede posteriormente el viajero acercarse hasta el Bar Blanco, en la calle Mayor, ganador del último concurso asturiano de pinchos, y pedir  uno de éstos con una “compuesta”, original bebida que allá en los inicios del pasado siglo popularizó en la villa un notable barman conocido como “El Habanero”. Se sabe que lleva hierbabuena porque se ve. El resto del coctail es un secreto celosamente guardado. Eso sí: con una, basta.

Allí mismo puede el turista semanasantero reponer fuerzas. No se rompa la cabeza y déjese guiar por Pepín Ron. Si decide continuar, cualquiera de lo restaurantes de la villa o sus cercanías rayan a gran altura. Pruebe el vino de la IGP de las Tierras de Cangas, puede que sea toda un a sorpresa fuera de los gustos al uso en lo que a caldos se refiere. 

Fumaza en Besullo

 Ya al atardecer habrá el viajero de iniciar viaje hacia Besullo, patria chica de Alejandro Casona, y aldea que fue foco cultural y  religioso durante muchos años.

Fumaza en Besullo
Fumaza en Besullo

Aquí se encontrará el caminante con un acto, al menos sorprendente, en el que se fusionan de forma indefinida e indelimitable lo profano y lo religioso.

 Hacia las once de la noche se enciende una hoguera de grandes dimensiones denominada “fumaza”, que comienza a arder momentos antes de iniciarse la misa crismal. Durante el día, los vecinos ha acumulado leña suficiente, especialmente grandes árboles huecos conocidos como calabornios          .

Llegado el momento, el oficiante, seguido de los fieles, acuden en procesión desde la iglesia al fuego en el que, tras ser bendecido, enciende el cirio pascual del que posteriormente irán todos tomando fuego en su velas regresando de nuevo a la iglesia. Aquí termina lo relacionado con el rito católico. Desde ese momento se retorna a las religiones de celtas y druidas y los allí congregados  bailan, danzan y cantan alrededor de la fumaza durante toda la noche mientras los vecinos rivalizan en el arte de repicar las campanas. A este baile le acompaña la degustación del bocho, un pan dulce que se elabora artesanalmente por estas fechas. Un acto de unión y alegría que se celebra desde tiempos inmemoriales.

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