Los presidentes también lloran

Miguel Ángel Revilla lo hizo en Cangas escuchando una semblanza de su niñez

Incluso los más dinámicos, atrevidos y cercanos al pueblo de los presidentes regionales como el cántabro Miguel Ángel Revilla, lloran.
Sucedió en Cangas del Narcea lugar al que el presidente acudió a recibir la Cepa de Oro que le había concedido la Asociación de Hostelería y que le acreditaba como el embajador del Vino de Calidad de Cangas del Narcea. Revilla había llegado a la carpa donde acontecía el evento en medio de saludos, autógrafos y fotos con unos y otros en un baño de popularidad y paisanaje.
Todo estaba preparado, las autoridades en su sitio, la organización atenta y los cangueses dispuestos a vitorear. El periodista local Miguel Ángel Pérez puso en marcha una preparada y emotiva semblanza del galardonado desde sus primeros años.
“Nació en el año 1943 en Polaciones, entre Peñalabra, que tiene 2.080 metros de altitud, y el Cuernón de Peñasagra, de 2.120 m. . Según él mismo dice es el producto de la mezcla entre un campurriano y una purriega. Su padre era de Campoo y en el año 40 llegó a Polaciones para trabajar como guarda de montes. Allí conoció a su madre, Rosa, que era purriega cien por cien”.
El presidente cruza las manos y mira al vacío. “Las condiciones de vida en aquella época eran especialmente duras. No había apenas infraestructuras, el día a día discurría entre el ganado y las labores del campo, sin apenas tiempo para cualquier distracción. En el pueblo donde vivían había una sola radio y en torno a ella solían reunirse los vecinos cuando anochecía, después de haber atendido al ganado”. El presidente se mueve inquieto y mira hacia uno y otro lado creo que sin ver. La semblanza sigue: “El frío y la nieve condicionaban la forma de vida y también la alimentación. Tenían una dieta bastante pobre, porque la patata era prácticamente el único cultivo que se daba. Asegura Revilla que sus recuerdos de la infancia en Polaciones son todos positivos y han condicionado en gran medida su personalidad”. Los ojos comienzan a humedecérsele. “Las experiencias que vivió de niño, la austeridad, el espíritu de trabajo, el esfuerzo que era necesario para salir adelante por la dureza del lugar marcaron su modo de ser”. Las lágrimas ya no pueden contenerse. “Con 11 años la familia dejó Polaciones y se muda a Santander. Revilla llora y sin tapujos ante el silencio de quienes antes le vitoreaban y que lo hicieron aún con mayor cariño cuando se cercioraron de que el presidente estaba llorando.

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