Muere una niña en Ibias atragantada con un grano de maíz

Pepe R..-El entierro
Pepe R..-El entierro

La iglesia parroquial de Tormaleo, pueblo muy cercano a Luiña, en el concejo de Ibias , acogió ayer el funeral de despedida de la pequeña Ana Suárez Fernández muerta al atragantarse con un grano de maíz. Los padres y el hermano de Ana viven en el poblado de Villares, un barrio construido para alojar a los mineros que trabajaban en la explotación de Tormaleo.

Ana Suárez Fernández, de 18 meses de edad, falleció el jueves de la semana pasada en el citado pueblo, cinco días después de haberse atragantado con un grano de maíz mientras comía palomitas.

Cecilia Fernández, la madre de Ana, y Óscar Suárez, su marido y padre de Ana, tienen claro que el trato que recibieron en el Hospital, en Oviedo, no fue el adecuado para salvar la vida de su hija, que fue sometida a varias pruebas antes de recibir el alta. “Yo insistí para que los médicos hicieran algo, pero valoraron no hacer la broncoscopia y, sin indicación ninguna, nos mandaron a casa. En todo momento dudaron de que la nena tuviera un grano de maíz en la garganta, casi aseguraban que no lo tenía”. Desde el TSJA también señalaron que, a fecha de ayer, el juzgado no tenía notificación de que se haya interpuesto ningún tipo de denuncia por parte de la familia. La madre de la pequeña indicó que “todavía no sabemos lo que vamos a hacer, pero mi hija me da fuerzas”.

Por su parte, el Servicio de Salud del Principado de Asturias (Sespa) ha puesto en marcha una investigación para tratar de aclarar todo lo ocurrido en torno al fallecimiento.

Según la versión de la familia, la pequeña llegó el sábado 9 de marzo al Hospital Carmen y Severo Ochoa de Cangas del Narcea con síntomas de asfixia por haberse tragado algo. Según las primeras informaciones, una palomita de maíz. El bebé sufría nauseas y vómitos, que derivaron también en fiebre. La pequeña estaba viendo la televisión con su hermano, de 5 años, el citado día por la mañana, cuando se atragantó con las palomitas. Comenzó a toser y a respirar con dificultad, por lo que sus padres, Oscar Suárez y Cecilia Fernández, la llevaron al centro de salud de Luiña. Desde allí fueron derivados al hospital de Cangas del Narcea. Una vez en Cangas, siempre según el relato de la familia, los médicos le hicieron placas en las que no detectaron el cuerpo alojado en la garganta, por lo que pidieron una ambulancia para trasladar al bebé a Oviedo. Según afirman los familiares de la niña, les dijeron que en el centro hospitalario de la capital del Principado existían los medios adecuados “para aspirarle el grano de maíz y para llevar a cabo las pruebas que se requieren en este tipo de casos”.

En el centro hospitalario de Cangas se le practicaron distintas pruebas diagnósticas, entre ellas varias radiografías, pero no se pudo detectar el objeto que supuestamente se había tragado. Por eso, se decidió que fuese derivada al Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) en Oviedo, que cuenta con una unidad especializada en cirugía pediátrica de la que carece el centro cangués. Según fuentes cercanas a la familia, tras ser examinada en el Hospital Central, se decidió esperar a que el objeto tragado fuese expulsado por vía natural y valorar, en caso contrario, la viabilidad de una operación, por lo que la menor fue enviada a casa.

Apenas unos días después, el pasado jueves 14 de marzo, y ante la persistencia de los síntomas y el empeoramiento de su estado, la familia acudió de nuevo a los servicios médicos. En concreto, al consultorio periférico local de Tormaleo (Ibias), donde, según varias fuentes, la niña falleció con síntomas de asfixia. El cuerpo fue trasladado entonces al Hospital de Cangas del Narcea, donde se procedió a practicarle la autopsia.Pepe.-La abuela

Estaba previsto que el funeral se oficiase este fin de semana pero al final no llegó a celebrarse. Ese día junto a la esquela de la pequeña se podían ver unos carteles que anunciaban que «a la espera de una nueva notificación, se suspende el funeral”.

En el entorno familiar no han querido confirmar si se ha tomado la decisión de interponer una denuncia ante una posible negligencia médica, ni los motivos del aplazamiento del funeral, pero todo hace indicar que viene derivado de la apertura de una investigación más amplia.

Fuentes del Sespa señalaron ayer que comprenden el dolor de la familia y la difícil situación por la que están atravesando y aseguran que están a su disposición para aclarar todo lo ocurrido en torno a la muerte de la pequeña.

El padre de Ana Suárez, Oscar, es minero del grupo Tormaleo en la mina de Cerredo se encuentra en el paro por la crisis del sector, y por eso la familia vive en El Poblado, un barrio de viviendas mineras en Luiña. En la misma calle vive también gran parte de su familia cercana, rota por el dolor de la tragedia. La abuela de Ana mantiene que los padres de la pequeña “preguntaron en varias ocasiones si era seguro que la niña estuviese con ese grano en la garganta”, pero sostiene que los médicos les respondieron: “Sí, sí, eso no se mueve de ahí”.

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