Una osa y su cría se pasean por las cercanías de la aldea de Bimeda, en Cangas del Narcea

Pepe R. Aumente enseña las huellas en el camino
Pepe R. Aumente enseña las huellas en el camino

Gonzalo Aumente es un experto cazador, natural de la aldea de Bimeda situada junto a la carretera de Leitariegos, en las cercanías de la villa canguesa. Quizás en sus ensoñaciones sobre montes y caza  había pensado en algún encuentro con un oso, pero seguro que nunca se había imaginado que serían estos quienes acudirían a su pueblo a saludarle. Bueno al menos a intentarlo.

Esta historia adquiere más interés por cuando el que la escribe había visto el pasado fin de semana a numerosos turistas cargados con toda clase de artefactos situados en los miradores de la AS-15 entre Rañadoiro y Cerredo a la espera de poder divisar algún oso. Nis de nis.

El oso prefirió darse una vuelta por Bimeda a ver como estaba la situación tras tantos días de lluvia. Según contó Aumente, serían más o menos las tres y media de la madrugada cuando su perros de caza comenzaron  un recital de ladridos que pasaban del frenetismo nervioso al aullido lastimero. Todo un repertorio del lenguaje canino. “Chispo” y “Selva”, que así se llaman, se pusieron como locos y acabaron despertando a medio pueblo. No pararon hasta ya pasadas las seis de la madrugada cuando Aumente decidió levantarse entre retahílas de insultos a los perros que le habían dado una noche toledana tras un día de viaje y ajetreos diversos.

Se llegó hasta los perros y, de momento, no encontró nada sospecho a la vista. Tras calmarlos decidió darse una vuelta por los alrededores y no tardó en averiguar cual había sido el motivo del escándalo canino. Alí cerca, junto al camino, había numerosas huellas frescas de oso, señal inequívoca de que un plantígrado había pasado la noche por los alrededores. La tierra del camino estaba muy embarrada y las huellas se presentaban claras, nítidas y fresca sobre el barro. El oso había estado allí, estaba clarísimo.

Gonzalo contaba incrédulo la situación: “Es increíble que se acerquen a tan solo cincuenta metros del pueblo. ¡Increíble!. Hay huellas por todo el camino. Se puede ver que vinieron por el lado del río y que se fueron por el camino que sube al monte”, señala Gonzalo enseñando las huellas. De inmediato se dio también cuenta que las huellas pertenecían o dos osos. Su experiencia de cazador le dio rápidamente la clave de ello. Se trataba sin duda de una osa con su cría. Unas huellas eran normales y las otras más pequeñas. Pensó que bien podría tratarse de una osa que suele andar por la zona todas las primaveras y que iba acompañada por alguna cría.

Pepe R- Detalle de una huella
Pepe R- Detalle de una huella

A medida que pasaba la mañana el suceso comenzó a ser más que comentado por las esquinas y corrillos del pueblo. Tras la sorpresa inicial, los vecinos no dudaron en mostrar su preocupación por la situación que puede generarse. “No hay que alarmase”, se decían, “pero hay que tomar precauciones sobre todo en la noche, Si se acostumbran a pasearse tan cerca del  pueblo no debemos descartar que pueda producirse algún encuentro con ellos que acabe de mala manera, podría ser peligroso”.
La cada vez más conocida presencia de los osos en diversos pueblos de los concejos del suroccidente asturiano (Cangas del Narcea, Ibias y Degaña)  está siendo cada vez mayor como consecuencia del aumento de lo úrsidos y su expansión geográfica.  Son varios los vecinos que han alertado de que esta situación puede convertirse en un serio problema en un futuro cercano y así se lo han hecho saber a la Fundación Oso Pardo.

La visita de los osos a Bimeda se saldó sin incidentes y sin destrozos. Ni las colmenas, ni ningún cercado del núcleo rural sufrieron daños de ningún tipo. Sin embargo, en los pueblos del Suroccidente, y de Cangas del Narcea en particular, sigue extendiéndose la idea de que los osos están demasiado cerca de la población y de que es necesario tomar medidas para evitar que, en un futuro cercano, ocurra alguna desgracia.

Nos han explicado que la aldea de Bimeda está situada en plena zona de paso de osos. Tradicionalmente, los animales de la zona de Trasmonte usaban ese camino para bajar hasta el río y pasar por las montañas hacia la zona de Carballo y Somiedo, por lo que los más viejos de la aldea recuerdan haber visto osos toda la vida, si bien es cierto que nunca tan cerca de las casas.

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